Precopeo para el infierno.

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Rasé

Otra vez. Mi conciencia lisa, eriza, aterriza en caída libre. Mi cabeza agita mis neuronas, tambalea mi cuerpo y me marea el sonido de la radio. Ahora veo más lejos el labio que me besa con cariño. Me besa. No soy una bestia, soy un niño. Me besa. Se aleja. Otra vez. Mi conciencia lisa, eriza, aterriza en caída libre. Pero no puedo hablar, articular señales de ayuda, estoy casi muerto, babeo y jadeo como un perro asolado en un desierto, porque la noche se me vino encima.  Y Juan Pablo a lado mío se caga de risa, porque mezclamos el alcohol con medicina y de pronto la encina de nuestro árbol familiar la convertimos en fogata. Vengo en el taxi dormido, eso digo pero realidad, estoy ido, otra vez y esta vez me da miedo. En la mañana mi padre me dijo que no tengo valor del dinero. Que debería quitarme el coche, las tarjetas y debería enseñarme andar en pesero, me lo advirtió en diciembre y luego comenzando enero. “Ya es hora cabrón  de que aprendas a valorar el dinero.” Pero ya es febrero y aquí sigo, colgado cual res en gancho de carnicero, pasándome la chido, poniéndome todos los viernes hasta el huevo. Ahuevo, le grito con el dedo de en medio al cadenero y más tarde bien pedo también al taquero soy el más chingón de la fiesta, mira como me desenvuelvo entre cubas y mostaza con tan elocuente indecencia, y sí estoy aquí en presencia, pero en esencia, me siento como un enfermo terminal desamparado a punto de estar en estado de convalecencia. Otra vez. Mi conciencia lisa, eriza, aterriza en caída libre. Que ligereza, con este beat unas cubas y unos toques sólo hay que tener paciencia, para dejar entrar en cuenta regresiva la ausencia del pensamiento, ya comienza hacer efecto, me pongo erecto,  la música se escucha más fuerte y el tiempo trascurre más lento. Mi padre me dijo que no tengo valor del dinero. Pero no hay pedo. Ayer me cogí una morra y la convencí de que fuera en la posición de perro. Espero, que me crean esta historia mis amigos, porque ya andan diciendo que soy un palero y que culero se siente vivir en un círculo donde todos son protagonistas y yo aparezco como personaje tercero. Me quedo mirando al mesero, quiero decir al cantinero, quiero decir a este tipo que te sirve las palomas y de pronto se me ocurre pedirle que si le pone otro hielo. Que le ves a mi vieja pendejo. No estoy viendo a tu vieja pendejo, estoy hablándole al gato de la barra, sólo quiero un hielo. Un tipo con la camisa abierta  y cara de enajenado decide empujarme no sé si por reacción o para llamar la atención o simplemente para agregarle al antro otro estilo de decoración. Mi conciencia lisa, eriza, aterriza en caída libre. Te voy a aventar a mis guardaespaldas le miento, porque mi ego hinchado habla con tanta vehemencia que ni de broma en ningún momento así de violento me sincero. Tú no sabes quién es mi padre y mucho menos mi abuelo, no te atrevas a tocarme o te rompo toda tu madre, que no soy ningún hijo de obrero. Para antes de que acabe mi amenaza, el tipo avanza y me tira una botella en la cara, qué más da si soy el presidente de la república, si pago una colegiatura o voy en escuela pública, me van a romper mi madre,  con la potencia de  un mara salva trucha, ducha de sangre en la pista de baile, cáele de rodillas al piso putito, me grita y las mujeres comienzan a gemir preocupadas. Bienvenido al mundo real mi rey. La vida no es un cuento de hadas. Mi conciencia lisa, eriza, aterriza en caída libre. Juan Pablo me arrastra hasta la entrada. La sangre crea un charco que brota a chorros de mi cara Ahora veo más lejos el labio que me besa con cariño. Me besa. No soy una bestia, soy un niño. Me besa. Se aleja. Quiero que me bese cómo cuando era niño. Ya llegó la policía, me dice Juan Pablo,  te está sangrando toda la boca, creo que viene de la encía. No puedo responder, creo que me falta un diente. Llega el policía, una señora pide que llamen una ambulancia, esta es la dosis del cliente frecuente de la noche, el policía toma fotos y pide datos para llevar constancia de la que acontecía. Mi Padre me dijo que no tengo valor del dinero. Me levanto como puedo, y decido huir adolorido a otra vía, a otra vida Donde pueda redimirme, hasta que sea de día, lejos del ruido y de las luces, donde no tenga que esconder la cabeza como los avestruces, donde los cielos azules ya no huelan plomo después del aguacero, si quieren les dejo todo, los coches, las tarjetas, si quieren me muevo en pesero. Quiero ir a otro mundo, donde los idiotas con títulos se mueran de hambre, me pierdo en el túnel de la noche,  me deshilo como una bola de estambre, ya no quiero ser un viejo sabio, quiero que me bese el labio que me consintió en la cuna, sólo una vez más, para quitarme esta molestia que tengo del mundo, para irritar a las vidas estables mientras ven como me hundo,  porque no soy una bestia, soy un niño y  que quiero un beso, un beso,  sólo eso,  un beso antes de tener que ponerme la  corbata y ahora sí, tener que salir a trabajar.

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