Senza Remitente: El día que Frank Ocean se colgó en su mansión de Los Angeles leyendo Silvia de Gerard de Nerval. O el día que Nerval comprendió que lo suyo se trataba de una enfermedad mental y una obsesión patológica, que nada tenía que ver con el amor.

“Estas son las quimeras que en la mañana de la vida nos encantan y nos pierden. He intentado fijarlas sin mucho orden; pero bastantes corazones me comprenderán. Van cayendo las ilusiones unas tras otras, como las cortezas de un fruto, y el fruto es la experiencia.”

Gerard de Nerval

 

Bad luck to talk on these rides

[…]

I’m sure we’re taller in another dimension

You say we’re small and not worth the mention

[…]

But we’re so okay here, we’re doing fine

Frank Ocean

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Y bien, tomarás tus cosas

Y yo tomaré las mías

Y en la ventana estarán girando la estupidez

Y los autos y las bolsas de basura

en onda cíclica y caduca

para volver a postrarse en nuestra puerta (un buen día)

con el olor a miasma del pasado

pasado por las montañas de mierda que huelen a nosotros.

Que huelen a lo que vivimos

entre tantos juegos de luces

que en su momento fueron sombra

y después fotografía

y ahora son bruma

un archipiélago evocado por un alemán

y así te repetirás en mil imágenes

(Como un pinche cliché)

En sesenta máscaras

(como un pinche cliché)

que dirán:

Hola soy yo otra vez, mismo nombre y apellido.

Y yo amontonaré todas tus playeras, sudaderas, calcetines

suéteres y los souvenirs que dejaste en mi casa

y los empacaré en una caja de cartón

que dirá tu nombre

que dirá

el mismo nombre y apellido

que resonará como un eco

como los traumas que vuelven cuando no los llamas

como las narco-llamadas de extorsión

en otros nombres y apellidos de gente nueva

que será gente vieja, ante mis ojos cansados;

Pero, para entonces,

yo estaré mirando la televisión

con la sospecha

de quien mira una obra conceptual

de características auto-referenciales.

Y ni siquiera el Sorry de Justin Bieber repetido hasta su puta madre

En una fiesta de pubers

Ni el Réquiem Solemne de Do menor de Haydn

En una misa en Salzburgo

Me sacarán de la cabeza todos tus defectos

Que ahora, a la distancia

[compuesta no por los KM

sino por el silencio sepulcral]

me parecen buenos

como lo son también

las islas inofensivas

quimeras de cartas marinas

cuando uno, no las visita

en posición de náufrago

y sólo las imagina desde la ventana;

Pero, para ese entonces,

yo ya estaré en un país,

cuyo nombre ni siquiera puedo pronunciar

sin equivocar gramaticalmente el gerundio

intentando darme entender

con alguien que tiene

tu nombre y apellido

el mismo nombre y apellido que nada sabe ya de ti.

 

Y creeré que está bien que así sea,

porque, de todas maneras

ni siquiera canta con el mismo tono

a pesar de saberse de memoria

todas nuestras canciones

que le hice aprenderse para pensar en ti, Olimpia.

 

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3 / Las llavez

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I

Tantos colores

que somos

nosotros

conforme pasa el día

que es difícil

saber ya

bien a bien

qué color fuimos

en un principio.

II

Los libros

como el yogurt

deberíamos tirarlos.

2.1

Ya están caducos [los libros];

Como a la leche, inferimos

el oxígeno,

los echó a perder rápido [a los libros, pues].

2.2

Que absurdas son las bibliotecas,

tanto papel, me recuerda

que mejor deberíamos ir a un bosque.

2.3

Prefiero tararear, que hacer tarea.

Prefiero paladear, que apalear mi vida.

Hace mucho perdí las llaves.

III

Las llaves.

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Solía en aquel tiempo

tener los señalamientos claros

de todas mis metas.

Solía, por mi cuenta pensar que la felicidad estaba allá

del otro lado

de la pantalla,

del planeta

tierra

quería ser la estrella, pero,

no de Belém,

de la pantalla grande pues,

el que apantalla en vez del que le quedan grandes

las tallas, pues;

Digo solía pensar en estar

allá, del otro lado,

pensar que esto solamente era un simulacro

el ensayo para las ligas mayores,

que allá del otro lado

estaba la vida

de los que visten serio, de los que

te hacen firmar los contratos grandes con

el imperio. Los meros, meros

los güeros

los que gozan de esos privilegios.

Solía, por mi cuenta,

inventarme historias

cuando nadie estaba,

Solía tallar en la tierra, mis pensamientos

bien adentro, ahí, carajo,

ahí, dónde nadie cava,

y con los audífonos puestos

con la cabeza cueva

escuchaba esos ecos de sirenas

que repetían lo que Frank cantaba:

Sí, mi hermano

todos y todas quieren,

no se hagan, Nikes (pero de los buenos)”

¡Ah!, pero el sueño, es sueño

como dijo Calderón, No Tego,

sino el de la Barca, el que no es mainstream

ni suena en los 40 principales,

sino el que acá

en la Academia, en cambio,

es marca asegurada,

ese que remarca: que la vida es sueño

y el “sueño es sueño

y a su vez,

el sueño es pobre

y reemplazo de ausencias.

Y digo, esta chido soñar, a veces,

aunque al despertar la realidad no tenga

clemencia

y se te baje el azúcar

y te cambie la frecuencia

cardíaca. Pero, pues acá, de este lado

¿que se la va hacer? cuando uno pierde las ganas

Cuando la poesía se auto sabotea y los poemas

abortan el sentido construido

a través de sus palabras,

que se le va hacer pues,

cuando los poetas achican el verso,

lo acortan, de los tobillos

como los pantalones de moda que ahora usamos

poemas zancos digo, que se re-usan,

que se reutilizan quiero decir,

aunque las palabras muchas veces se rehúsen

necias a encajar al 100,

que digo al 100, al K.

Solía en aquel tiempo pensar,

que tenía las llaves

de las puertas que abriría

en determinado momento.

Solía pensar que mi abuela no se moriría nunca,

Que los resfriados no entraban

por la boca,

ni por las fosas nasales

sino por la nuca

y que el truco estaba

en hablar bien con las personas,

interesarme en sus cosas

y dedicarme,

a ser ½ poeta y ½ relaciones públicas.

Solía, sí, hacer esto

pero, ya no.

Nel padre, se acabó,

llegué a mi límite carnal,

harto desencanto

y el empacho de escenarios

imaginarios ya me hartó. Ni más poetas

ni más chaquetas

de cuero negras

para este rocanrol.

Aquí ya rugió tigre, ya murió.

Así pues, como Rimbuad,

a marchar firme pa´l frente

sin los espejos retrovisores,

como la víbora de la mar

en las bodas;

Nada de voltear atrás

y caer Orfismos devastadores.

Nada de abrir los ojos en el fondo

de las albercas

sin los gogles.

 

Solía soler rutinas

las 24hrs de día

como la luna suele

salir en los descansos

del solar.

 

Ya no.