Poesía. VI (Rigor Mortis Fernando.)

Ciudad de las flores

Escrito por: Rasé.

“Toda herida de la humanidad, es una herida nuestra.”

Pintura: Marc Chagall.

crucificción blanca

Cansada la figura inmortal de los enamorados,

exhausta de tanto llorar con los hombres,

se echó a correr,

navegó el mar sideral e infinito sintió su ser.

Al percatar el final de universo con los ojos cerrados,

supo describir el significado de su insignificancia.

¿Que le ofrecían la lluvia de estrellas? ¿Qué podía comprender en la aurora?

El sueño del camino, la nostalgia de materializar a la Maga de Julio.

Enfrentar de cara al fuego los brutales embates de la ramera vida,

quemar nuestras alas como Ícaro al menos tres veces al día,

buscar la prorroga perpetua de los amorosos de Jaime,

despertar entre el tambor del corazón y la tormenta solar,

cantar, menear, animal, salvaje, primitivo, instinto caníbal,

sin pretender, jamás pretender,

poniendo a prueba la resistencia del olvido sobre nuestras cabezas,

para probar que tan cierto puede ser el abrazo una vez disueltas las mascaras.

Hoy lo veo en sus ojos y en sus manos sucias,

que la justicia social no es más que la utopía onírica, el sueño bastardo,

la realidad huérfana de posibilidades,

el teatro, el poema, nosotros no más,

condenados a ser culpables por las miserables culpabilidades metafísicas de Jung.

Amada pérdida, benditos los amnésicos con lagrimas evaporadas,

el saxofón no salvará a las generaciones beat que ya fueron y serán;

Si, ellos fueron los que mamaron y fueron mamados.

Si, ellos fueron los que se quemaron los brazos con cigarrillos protestando.

Si, ellos fueron los que cortaron sus muñecas tres veces sucesivamente sin éxito.

El pasado como espejo reflejado en el destino trazado,

ellos son nosotros,

nosotros decadencia y despojo,

paralelo aullido repetido hasta el cansancio,

¿Cuándo acabará esta masacre de ángeles exiliados?

Brutal desahogo la poesía, purga orgánica para alimentar el espíritu.

Necesito matar al divo hedonista que habla por mí a ratos,

¡Divo hambriento de egoísta reconocimiento!

Advierto amputar al alter ego para renacer más puro.

Nos volveremos a enamorar callados,

despareceremos complemente en la eternidad de tus ojos,

ausentes de sus reuniones,  abrazos por el conejo lunar

donde irónicamente seremos libres,

y volveré a martillar las letras con mis dedos para trazar un puente,

que desemboque en el corazón,

lo prometo.

Somos ciclos,

Nacemos, creceremos, morimos y volvemos a nacer,

Somos infinitos en la noche abrazados en camas de  piedra.

Somos fugaces oscilando entre Moiras, custodiando nuestros hilos.

Somos colibríes,

por siempre multicolores,

nostalgiosos,

colibríes.

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