Siempre es ahora.

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Audio.

Rasé.

Ya no quiero llorar los sábados por la noche. Mira la fotografía en la que sonreímos. Ponle pausa a la película. Ahora me toca lamerte la espalda. Para limpiarte como perro la mugre. Para comerme tus piojos como simios. Para saborearte como helado de vainilla. Ay niña, Ya no me preguntes que pienso. Que piensas. Soy un guitarrazo apremiante, un asesino en serie, la masacre en una escuela gringa, me vengo en este momento de todos los que me envidian, soy puntual pero llego tarde, no soy disperso pero pienso en muchas cosas al mismo tiempo. Ya no me juzgues con tus telescopios, ya no me preguntes que me pasa, ya no pongas entre paréntesis, que estamos aquí para ser el latigazo de las bestias. El taconazo rasposo de la cumbia seca. Vámonos a bailar a otra fiesta, vámonos a tender las sombras en la azotea. Que ya nos dijo Hugo, esta noche todos tenemos alas y sobre la gran cabeza brillan las estrellas. Ya no quiero discutir con el megáfono atorado en la garganta este sábado por la noche. Quiero que me platiques tus pesadillas, para meterlas a la lavadora y olvidarlas ahí,  apestando a humedad.

Nos merecemos cielos azul turquesa, Negra, porque tú y yo somos aguinaldo y quincena, tormenta de arena, apenas, esas apuestas que no jugaban a nuestro  favor, se van difuminando, diez minutos más y se van difumando, bésame aquí, en este sillón del que no nos hemos parado en toda la tarde, porque somos demasiado idiotas para comprender que el mundo es el tópico más complicado que jamás alguien podrá redactar. Ponte tu  playera de tiburones y los aretes de calavera, ponte tu vestidito entallado y vamos a fabricar abstracciones intrascendentes de los coches, aquí en el puente peatonal de nuestro alucine. Eres mi única amiga, la misma sensación de la está hecha la de anarquía. Si tú te truenas globos en la cabeza, yo me hago caldo de gallina, si tú te meces sola y sin guía, yo me desmorono como mazapán y me deslavo como cerro en carretera.

Súbete las mariposas, aumenta las respiraciones, bájate las expectativas y las contradicciones, que te voy a voltear mala fortuna, mirando hacia la almohada, porque en esta ruleta rusa, ya no quiero llorar los sábados por la noche, quiero ser el trópico que le de temple a tus huracanes y naufragar en ésta cama, hasta que nos empolvemos, arrinconados en la memoria de una habitación con los recuerdos tejidos como telarañas,  y nunca no olvidemos, ya nunca nos olvidemos.

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