El amor es un animal en peligro de extinción

 

110184_5Escrito por Rasé

*

Sucede que me canso de ser hambre. Agujero negro en la boca del estómago, un pedazo de grito hecho carne (carnet de identidad y de pronto ceniza: calambre.)

*

Sucede que me canso de ser hambre. Alambre. Hombre colgado de cabeza. Capullo; Cuyo único fin es envolverse en el periódico de la miseria. En la baba de la bacteria de un cuerpo en degeneración. Los senderos se bifurcan y la contradicción  no es un trámite, es un gato que mira su reflejo en el espejo. Es un dejo de instinto y pura ternura, espuma con sargazo en pleno verano, una cuerda tensada por la Moiras, un imán sin puerto de anclaje. Un oleaje azul: cielo abierto, ozono, negro,  asfixia, mundicia: visión de inmensidad.

*

Ahí la belleza natural está en su estado bruto y pasa por el hombre, para quedar cincelada en belleza artística. En especulación teórica empolvada en un estante con un millar de tomos de metafísica. Estáticos credos estéticos que se suceden velozmente con el paso del tiempo. Con  el pasto doblado por el soplo del viento. Así se van  sucediendo, como el giro de una llanta encima de una rueda. Así se van abriendo, como las ramas de un árbol, que también es la mordida abierta de un cachorro bostezando a la hora de su siesta.

(Pero, nunca es tarde para retomar  los mapas, las cartas y las botellas. Las estrellas que son atardeceres. Las huellas de los elefantes como colinas blancas.)

*

Sucede que me canso de ser hambre y me convierto en una manifestación de bengalas y macanas. Me canso de ser hambre y devoro. Desenfundo los cuernos ante el griterío de la plaza, y de pétalo me transmuto en toro, en ensangrentado coro –Olé-. Me convierto en excremento, en compuesto descompuesto licuado y luego ano. Me convierto en tiempo. En año nuevo y luego en huevo, en potencia. En la esencia de una nebulosa rosa en el espacio. En tu cabello lacio en mi remera.

En recuerdo.

*

Si me preguntas quien soy, seguro te digo que un florero roto. Un girasol nostálgico de tierra húmeda púbica y el trozo macizo que cuelga de mi entrepierna.  Si me preguntas porque no canto, te diré tormenta, para mojarte. Te diré relámpago, para electrificarte. Diré: Dios, hombre, Miguel Ángel Buonarotti y galápago. Para mostrarte que la imposibilidad, esa vacuidad con la que cabalgas a diario, no es una  isla, sino un piedrita en el zapato, con la que lidias a cierta edad.

He dicho. No soledad. Sino:

¡Dad luz de sol a  tus labios para alumbrar la ranura de la cueva!

¡Entregad al hombre herido de guerra, una vela!

Con una tonelada de cera de vera de verdad y de hueso, de seso: el contenido interior de la carne en nuestros cuerpos. De eso nace la palabra rota, que es el aullido de todos los hombres, de ahí,  del puño latente,  del centro del tiempo, del  corazón de la eternidad.

*

INTERMEDIO

[La realidad nos golpeo imaginariamente como si fuéramos los ingenuos espectadores de la primera proyección de los hermanos Lumiere]

 

*

Y la noche nos antecede.

Y tus piernas son una sandía.

Y la inocencia es un vaso roto en tus pupilas. Un pecero sin asientos disponibles.

Y las rimas echan a perder los versos. (Los poemas, los besos)

(Y el amor es una animal en peligro de extinción,

que de vez en cuando,

cuándo salgo comprar cigarros,

paso al zoológico a visitar.)

 

 

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