Cuentos. I (Confesiones que suceden…)

Ensayo de cómo describir a Daphne.

Escrito por:  Rasé

“Inspirado en el capítulo 9 de Rayuela, en el bicitaxi (clandestino) y en el Kiosko de Juan Son .”

Pinturas por orden: Paul Klee /  Piet Mondrian.

Paul Klee - 1914

Como un Cronopio de Cortazar que se desprende en la coronilla de tu morena melena, como un aura, un laurel de inocencia demente, casi  escéptica de de tanta felicidad, meditaba como la vida tenía sus redes propias, matemáticamente perfectas e incompresibles para abrazar la coincidencia de que yo pudiera estar a tu lado, trazando corazones en forma de triangulo con mi nariz, en tu mejilla. Tal y como la noche sigue siendo un misterio, al igual que el mar que calla sereno, tú también lo eres Daphne, amazona que no responde nada cuando me confieso y que se entrega con el silencio bien untado de mar. En mi cabeza solo puede seguir una idea fija, el Kiosco de Juan Son es el que andamos viviendo, la sombra de La Maga se pinta en tu reflejo mientras volamos montados en el bici taxi, dentro de un pueblo apocalíptico, donde los niños son de tierra y en la casas duermen las penas. Dábamos vueltas mientras te abrazaba y llegábamos a puertas que se abrían solas y nos empujaban como un soplido hacía dentro de sus moradas. Tú hablabas de cosas que me parecían realmente insignificantes, pero me encantaba escucharte, pensar que te importaba el minuto que compartías conmigo, era como si el cronos bien aprovechado pudiera medir de alguna forma el amor que quería yo recibir de ti. Me empeñaba en pensar que no eras un abrojo, sino que tú podías curarme de alguna manera que yo desconocía, de esa mano negra que me impulsaba a ser quien era en verdad. La maldad viene implícita desde la placenta en todos los niños y no es maldad sino egoísmo, síndrome de supervivencia lo que nos lleva a ser quienes somos, los mano negra. Pero tu eras mejor, porque tu lo habías arrullado a eso que yo, llamaba abrojo y te dedicabas solo a sonreír para mostrarme que había una redención próxima que no dependía de ti, sino de mi, como una amor que florece y que  tiene que ser cultivado de forma individual, para así no crear enredaderas que nos asfixiaran hasta ahogar nuestras almas, porque el amor es de dos y no de un solo ser compenetrado, es un duplicidad de células que jamás deben de fecundarse. Me gustaría que el amor fuera como aquella discusión de Rayuela, en la que hablan de Mondrian y Klee, en la que se dice: del absoluto, me gustaría que al amor o cualquier tipo de rayos que me penetra a ratos, fuera del tamaño del absoluto, pero la verdad es que no lo merecemos, porque no somos ni la pintura de Klee ni de Mondrian y mucho menos absolutos. Nada más basta un segundo para darse cuenta, basta mirarnos en tercera persona, para lograr ver, que no hemos logrado alcanzar el máximo alcance, la máxima profundidad de nuestro Kiosco de amor Porteriano. Ojala alguien pudiera pintarnos, este recuerdo onírico nuestro, que me rebota a olvidarte cuando despierto, cuando tomo café y después cuando intento escribirte y crear en el papel un espejo para que los demás, al leernos se compadezcan de nuestro amor tan arrugado, húmedo y mal oliente. Daphne si pudiera tener un tarro lleno de tu aliento, si pudiera bebernos en forma de jarabe como prescripción medica, lo haría, y después me tiraría en  medio de nuestras nubes y te abrazaría en  posición fetal hasta que me tuvieras que amar y yo también a ti.

Daphne, no alejes tus labios de mí, no niegues mi cuerpo sobre el tuyo, ni bailes sola, cuando podemos hacerlo los dos. No te quedes tampoco si no quieres, haz lo correcto solamente, hazlo para que no te broten hilos de tus brazos y se muevan por manos ajenas, hazlo para que así, pueda saber que tu flor también esta floreciendo con mi saliva regadora. Es incoherente como hoy que estas aquí, no puedo pensar en otra cosa más, que el hecho de que te esfumarás en cualquier momento. El futuro me quita mi presente, como yo le quite a el, la oportunidad de tenerte en brazos de otro. La verdad es Daphne, que si no logró entender porque te esfumarás, tendré que ser arrullado por una parvada de pajaritos que al ritmo de su ya-cu-cu me anestesien.

No es fácil entender porque cuando el amor tiene que ser sedentario, se empeña obstinado en ser nómada, porque el amor es verde y húmedo como los Cronopios que intentan ser definidos por los filólogos y metafísicos,  diseccionados por taxonomías, tal y como la tormenta solar del corazón que se intenta enjaular cuando no se comprende y se vive ingenua e inmaduramente.

Tal y como los Cronopios, como los destellos  graves de un bajo, como Klee y Mondrian, como el  amor abstracto que tengo por ti y como tu, Mónica disfrazada de Daphne.

mondrian

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