Poesía IV. Colección: (Rigor Mortis Fernando.)

María Bugambilia.

Escrito por: Rasé.

Pintura: Robert Henri

5.henri

 

María bugamabila.

María pura e inogaotable, como flama de la reminiscencia.

María de noche cuando la esperanza es nula y en la aurora del porvenir.

María de pocas horas y sin cansadas charlas. María la de sonrisas eclipsadas.

María de canto remoto, de postergadas reflexiones, cuándo el amor es simple y los axiomas son incautas miradas de dos personas que solo saben callar.

María cuando rezo y cuando no lo hago también María.

Cuando palpita en el pecho, el son de los danzantes buscando la afinidad común también María y cuando dejó de creer,  necesaria su romanza al mediodía.

María timorata, institución compleja, colmada de dogmas falibles, que violan tensamente, como flotas colonizadoras e insolentes ratas tu fe.

María bungambilia por qué todo lo resistes, desde la lluvia lamento del cielo, en la que  bañas tu cuerpo con mentada indiferencia o en la tragedia que envuelve la lágrima de aquel amante que nunca pudo captar el sutil guiñar de tu afecto.

 

María estrella,

María cometa,

María sagrada,

Santo grial María, Santo grial.

 

María en los callejones desolados y sucios, en las corrientes de aire infusa como virtud, como esperanza, ¡implorando a gritos el auxilio omnipotente de un Dios!

María hambruna y bolillo, en las manos sucias del infante, en su desdicha funesta, en la tierra y más tierra y en el arado también, en el trabajo del campo y debajo del metro, en su chillido metálico maltrecho que pide a gritos…

¡María bumgambilia!

¡La victoria nuestra será post-mortem

o mortem será per se la victoria!

 

María y mil fonemas en suspenso.

María suspiro del beso no dado, patraña de arquetipos infundados y de pesos y  de kilos, arquitectos imposibles de la autoestima del hombre contemporáneo.

María en el verso de Mario, en el poema veinte de Pablo y en las fronteras infinitas de los continentes, donde muros y muros y muros y mas muros, donde corazas de cemento en lugar amor, abrazan la tierra, ¡en lugar de amor! instinto de fraternidad salvaje que con el tiempo ¡María! Se envenena por ejércitos como mares, de sangre manchados por la hipocresía y la ambición.

María en el reloj del tiempo traicionado, en la calzada sin nombre, en el solsticio del alma, despegando al cosmos, estallando contra el espejo, con el rostro frente  a frente, como partículas de honestidad, sin vergüenza al origen amorfo del corazón.

María como la despedida y como la mano que sea aprieta fuerte para no dejarla ir.

María y los miles de puños que sollozan revolución al canto de las antorchas que ya rozan los cielos.

María y el carmín que cubre mi patria.

María en la ausencia, en la esencia de la materia viva, en el nocturno a rosario o en su mismo nocturno púrpura carmelina.

María en el sudor del proletario, campesino, vagabundo, sin ruta, poeta, autor de mil mentiras, en el número que nos enjaula, en su “¡uno, dos, tres, uno, dos, tres!”

María en los cuartos de hospital, en la enfermedad terminal, en el cáncer del espíritu.

María para todos, cuando la profecía se logra, cuando no se demanda ver el todo, ni  entender el porque, sencilla, humilde, santificada María para los que en el silencio escuchan la voz de sus muertos y entienden el amor como aullido distante que brota de la nada como la partícula de Dios.

 

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