Salvajes.
Escrito por: Rasé
Arte Visual: Man Ray
Se enteró un día cualquiera de que tenía rayos,
que a través de sus dedos, pies y manos,
tenía una arma que los sabios buscaban desde hace años,
y jugaba y las hacía parecer pistola y gatillo,
y con su ojo semilunar apuntaba hacia cualquiera
que fuese el objetivo.
Y todo era tan fácil mientras confiara en sí mismo
porque fue de la nada como supo que tenía rayos
y fue de la nada también como se enteró
que la noche,
no era un mito sino una sombra
y que los corazones cuando son embarrados
terminan siempre como alfombra
y aprendió también,
que la abejas pican y no solo regalan miel,
y que utilizando sus uñas (bien)
podía hacer tormentas que electrificaran los cuerpos
desde el meridiano del ombligo hasta la sien.
Se enteró un día cualquiera de que tenía rayos,
y se enamoró de un india sagrada,
y le tejió el cielo y le limpió sus alas,
y sabría que nada sería lo mismo una vez que la besara.
Y le enseño a bañarse entre las estrellas,
como si estas estuvieran predispuestas a limpiar el mundo,
y no se jactó de de tenía rayos
(en sus piernas y manos)
hasta que se miró a través de las persianas de ella
(y fue un momento abrupto) Si lo fue.
¿Y tenía miedo? Si, tenía mucho miedo,
y era una cobarde timorato, maricón, pocos huevos
y los rayos se le fueron reduciendo tan solo hasta los dedos
y los fantasmas los fueron asfixiando al pobre par de ciegos.
Y después,
ya no se enteró un día cualquiera de que tenía rayos
sino que ahora para desgracia de ambos,
de alguna manera,
habían terminado vendados;
Enclaustrados en las rejas de sus propios temores,
que no comprendían la razón de los constantes albores,
que nos narran:
que amar es morir.
Y que morir no es más que sacrificar.
Ofrendar.
Entregar los corazones y los truenos,
los labios y los rayos,
esos rayos,
que se tenían en un principio
(en los dedos, pies y manos)
y perderlo todo, como bellos salvajes,
primitivos, nómadas.
Anclados a la mar de recuerdos,
donde solo queda la ceniza del beso
y la factura mal pagada de un corazón
que murió pataleando, tintineado, ahogado, preso.
Se enteró un día cualquiera de que tenía rayos,
y el saberlo lo llevó de la mano a su propio,
triste, eterno, obstinado y vicioso engaño.
Se enteró un día cualquiera de que tenía rayos,
Y no debió, más tuvo que hacerlo.
Se enteró un día cualquiera de que tenía rayos,
de que tenía rayos,
de que tenía rayos,
Y se le quemaron los dedos como a Ícaro las alas
Y ella no era para él / Nunca fue.
Y ya no le pertenecía más / Nunca fue.
y aún así se enteró, a pesar de todo.
El sabía / muy adentro
que tenía rayos, aún guardados.
