Poesía. X ( Colección: Cosas que suceden…)

Salvajes.

Escrito por: Rasé

Arte Visual: Man Ray

Man Ray 15

Se enteró un día cualquiera de que tenía rayos,

que a través de sus dedos, pies y manos,

tenía una arma que los sabios buscaban desde hace años,

y jugaba y las hacía parecer pistola y gatillo,

y con su ojo semilunar apuntaba hacia cualquiera

que fuese el objetivo.

Y todo era tan fácil mientras confiara en sí mismo

porque fue de la nada como supo que tenía rayos

y fue de la nada también como se enteró

que la noche,

no era un mito sino una sombra

y que los corazones cuando son embarrados

terminan siempre como alfombra

y aprendió también,

que la abejas pican y no solo regalan miel,

y que utilizando sus uñas (bien)

podía hacer tormentas que electrificaran los cuerpos

desde el meridiano del ombligo hasta la sien.

Se enteró un día cualquiera de que tenía rayos,

y se enamoró de un india sagrada,

y le tejió el cielo y le limpió sus alas,

y sabría que nada sería lo mismo una vez que la besara.

Y le enseño a bañarse entre las estrellas,

como si estas estuvieran predispuestas a limpiar el mundo,

y no se jactó de de tenía rayos

(en sus piernas y manos)

hasta que se miró a través de las persianas de ella

(y fue un momento abrupto) Si lo fue.

¿Y tenía miedo? Si, tenía mucho miedo,

y era una cobarde  timorato, maricón, pocos huevos

y los rayos se le fueron reduciendo tan solo hasta los dedos

y los fantasmas los fueron asfixiando al pobre par de ciegos.

Y después,

ya no se enteró un día cualquiera de que tenía rayos

sino que ahora para desgracia de ambos,

de alguna manera,

habían terminado vendados;

Enclaustrados en las rejas de sus propios temores,

que no comprendían la razón de los constantes albores,

que nos narran:

que amar es morir.

Y que morir no es más que sacrificar.

Ofrendar.

Entregar los corazones y los truenos,

los labios y los rayos,

esos rayos,

que se tenían en un principio

(en los dedos, pies y manos)

y perderlo todo, como bellos salvajes,

primitivos,  nómadas.

Anclados a la mar de recuerdos,

donde solo queda la ceniza del beso

y la factura mal pagada de un corazón

que murió pataleando, tintineado, ahogado, preso.

Se enteró un día cualquiera de que tenía rayos,

y el saberlo lo llevó de la mano a su propio,

triste, eterno, obstinado y vicioso engaño.

Se enteró un día cualquiera de que tenía rayos,

Y no debió, más tuvo que hacerlo.

Se enteró un día cualquiera de que tenía rayos,

de que tenía rayos,

de que tenía rayos,

Y se le quemaron los dedos como a Ícaro las alas

Y ella no era para él / Nunca fue.

Y ya no le pertenecía más / Nunca fue.

y aún así se enteró, a pesar de todo.

El sabía / muy adentro

que tenía rayos, aún guardados.

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