Cuentos. V (Colección: Cosas que suceden…)

Anima.

Escrito por: Rasé.

Pintura: Renato Guttuso

Imagen

A las almas no se les puede engañar. Es algo que no sabía Joaquín. Las almas se encuentran allá abajo, entre las calles y las cafeterías, se miran entre las tiendas y los parques de la alameda central, se reconocen entre la tienda del carnicero Don Pedro y la comisaría del ayuntamiento, las almas no se pueden confundir, pero nadie le había dicho eso a Joaquín. Eso no venía escrito en los condicionamientos generales y en caso de que hubiera venido escrito, seguramente hubiera estado anexado con letras chiquitas en la parte inferior del contrato, donde el hecho de verlas es casi  imposible y se podría dar por seguro, la mala intención con la que este fue redactado.-Y te miré y se me hicieron agua los ojitos-. El camino de regreso siempre es más difícil que el de idaEl camino de regreso siempre viene plagado de dudas, de reflexiones, de satisfacciones inconclusas por el hecho de no poder permanecer en el lugar utópico en el que ya se estuvo una vez (Se estuvo contento.) El camino de regreso es de sonrisas que vienen y se van, es de recuerdos, de memorias, de nostalgias, de abrazos-despedidas-reencuentros, abrazos-despedidas-reencuentros, abrazos-despedidas-reencuentros, el camino de regreso es sinónimo de la parábola del hijo prodigo. – ¡Hoy es el día! ¡Es veinticuatro! ¿No es cierto?- Joaquín era un ángel, pero parecía más un búho y no sabía muchas cosas que debería haber sabido antes de haber nacido. De Joaquín, se  podía decir que era un tipo ingenuo. Y es que todas las noche regresaba a casa de Tona, obstinado, tirando piedras a la ventana, gritándole- ¡Tona! ¡Sal! ¡Que ya llegaron los mariachis!-  y todos se le quedaban mirando como un loco, un borracho indeseado. ¡Ya vete a dormir cabrón!– gritaba el vecino de ella y el se hacia el sordo y se quedaba horas y horas con su guitarra mirando hacia la ventana, esperando, contra las manecillas, el frío, las cuatro de la mañana y el desamor, esperando que la cortina se moviera aunque fuera dos centímetros a la derecha o la izquierda o al lugar que fuera, pero que se moviera, con lo ojitos de Tona  detrás de ellas,  asomándose discreta, contenta, callada, ausente. Pero vamos a ser sinceros Joaquín ¿Cómo pudiste pensar en algo así? ¿Por qué lo harías? ¿Por qué? Donde inicia la cordura y donde termina la razón. -Ciérralos.- No tenías que haber hecho caso jamás, todos saben que antes de hacer tal o cual cosa, se tiene que mirar con sospecha todo, poner en duda todo, cerrar un ojo y dejarlo entre abierto para ver que esta pasando alrededor, no se puede entregar tan fácil ¿Me entiendes?. – ¡Que los cierres Joaquín! – Y es que lo entiendo, más no lo justifico. Ya sé lo que vas a decir: El amor, la fragilidad del momento, sin mencionar que era tu cumpleaños (¿Era tu cumpleaños?) – ¡No! ¡No los quiero cerrar Tona! Déjame ver que tienes ahí.- Ingenuo, torpe, crédulo Joaquín ¿en que momento decidiste? Es tan fácil perderlo todo en dos, tres, cuatro segundos. La vida gira y no nos podemos imaginar los vuelcos que da en una abrir y cerrar de ojos y es que hasta el más inocente tonto lo sabe: “A las almas no se les puede engañar.” -¡Ciérralos y adivina!- te dijo. Y tú lo hiciste.  Y era húmedo, delicado, era un sueño, un dedo fantasma tocándote la nariz y luego ¡Planck! Reventaba y reventaban dos a la vez ¡Planck! ¡Planck! Y ella reía, con esa risa sincera, con esa carcajada bendita de niña y a ti también te daba risa. – ¡Son burbujas!– le dijiste. Y si lo eran. Y es que Joaquín era un ángel, pero parecía más un búho y no sabía muchas cosas que debería haber sabido antes de haber nacido, como llevar serenata cuando las personas descansan o se sabe en donde están, pero era necio,  terco, Joaquín, siempre rebelde contra la teoría del espacio y el tiempo, de lo físico y lo metafísico también. -¡Tona! ¡Sal! ¡Que ya llegaron los mariachis!-. Pero no, no, no, esta vez no  iba salir, porque las serenatas se llevan cuando la otra persona se sabe donde descasa. –¡Hoy es el día! ¡Es veinticuatro! ¿No es cierto?-. Sí, sí lo era y aparte era tu cumpleaños, si lo era, ahora lo recuerdo mejor. Y ella seguía soplando y las burbujas y estaban levitaban por todo el coche y se llenaba de bolas de cristal todos los asientos, todo el auto y los ojos, y los espejos. – ¡Son burbujas!-le dijiste. – ¡Si!- se echó a reír- ¡y todas revientan como pompas de jabón!-. Faltaba muy poco para llegar, casi media hora sin paradas en gasolineras o en baños públicos, pero decidiste. Decidiste hacerlo y para serte franco, no lo entiendo. No lo concibo. Explícamelo por favor. Nadie dijo que sería fácil, nadie, pero hombre, podías haber intentado no hacerlo.- ¡Te amo!- te dijo y subió el volumen del auto.  – ¿Recuerdas la primera vez que nos vimos?- y tu recordabas todo. Sabías todo. Todo. Todo. Le dijiste que lo sabías desde que la habías mirado por la ventanilla, le dijiste que sabías que la conocías de otra vida y que eso era algo difícil de reconocer, pero que es imposible no saberlo cuando sucede, porque a las almas no se les puede engañar –Y te miré y se me hicieron agua los ojitos-. No Joaquín, no era el momento, no lo era, pero siempre fuiste tan crédulo, tan confiado. La vida te tenía que enseñar que tú no tenías la correa para controlarla. -Ciérralos.- y los cerraste esta vez. Fue un segundo, un parpadeo –¡Tona! ¡Sal! ¡Que ya llegaron los mariachis!-. ¡No! ¡Joaquín!, ¿como le llevas serenata a alguien que no descansa? – ¡Que los cierres Joaquín!-  y es que entiende, entiende por favor, torpe, necio, inocente Joaquín, entiende que a las almas no se les puede engañar.

 

¡Planck!

¡Planck!

 ¡Planck!

 

-¡Son burbujas! ¿No es cierto?

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