Extracto: Somos Jirafas. / Rue de Assas. Habitación N. 6.

Extracto de la novela: Somos Jirafas.

Escrito por: Rasé.

Fotografía: Richard Learoyd

Rue de Assas. Habitación N. 6.

Imagen

Busco en el buró mí reloj de mano que siempre coloco detrás de la vela púrpura que  Velvet prende por las noches. Me doy cuenta que son la seis de la tarde. Desde ayer, hemos hecho el amor unas cuatro o cinco veces entre mañana y noche. En la cama, Velvet recarga su cuerpo contra la pared y se queda mirándome fijamente. Sus dos senos se quedan mirándome también. Yo por lo tanto, me concentro en sus ojos. Me gustaría saber en qué piensa Velvet después de hacer el amor. Su cara no siempre es de felicidad, pero la mayor parte del tiempo se nota tranquila. Me intriga saber si está satisfecha con esto que estamos viviendo. Se lo preguntaría pero mi hombría no me lo permite. ¿Hombría? Es para reírse. Ahora siento que algo se mueve dentro de mí. En la boca del estómago siento un vacío abismal. Comienzo a pensar que se trata de amor más que de hambre. No estoy seguro. No hemos comido desde ayer por la noche. Miro el reloj otra vez. Siguen siendo las seis de la tarde con un minuto. Había quedado de ver a Marlene y a Carla en la estación de Concorde a esta misma hora. Velvet sabía esto porque se lo dije hoy mismo por la mañana antes de que empezáramos a revolcarnos en la cama, pero a ella no le importa. Realmente pocas cosas le importan a Velvet, pero ella se mantiene discreta con esto. Eso me gusta de ella. Velvet es libre. Es directa. Es independiente. No depende de nadie. Velvet puede concretar una cita con el presidente a las seis de la tarde y también puede no llegar y quedarse recostada en la cama, desnuda mirándome fijamente fumándose su cigarro. ¿La amo? No sé. Tal vez a este punto de mi vida es evidente que la amo. Se lo digo- I love you.- Y ella lo escucha, pero lo más importante es que ya lo sabe. Lo siente. Lo huele. Lo ve. – You love me.- cubriéndose con su bata japonesa- I know that you love me. The real problem is that you are not in love with me.- Pero ¿Porque Velvet me diría algo así? ¿Por qué se empeñaría en decirme que la amo, pero no estoy enamorado de ella? ¿Entonces de quién? ¿De qué?  ¿Por qué? Me duele el estómago otra vez. Quizás si es el hambre. Le vuelvo a decir que la amo. Y ella solo mueve su cabeza lentamente en negativa. Me dice que yo estoy enamorado de Carla. –Thats not true.- Le reprocho. Le reclamo con cierta molestia. Le argumento que si estuviera enamorado de Carla, en este preciso momento estaría en Concorde y no en la habitación con ella. Ella me dice que no le importa. Que no necesito convencerla. Me dice que ella sabe que yo la amo y que con eso es suficiente. No entiendo a qué quiere llegar con todo esto. El dolor de estómago no para. Quizá sea el apéndice, pero lo dudo. Me acerco. Tomo con mis frías manos el rostro de Velvet y le vuelvo susurrar con fuerza y determinación que la amo. Ella se acerca y me besa. La beso. Intento impregnar sus labios de mi verdad, pero en momentos como este, parece que no es suficiente el amor que yo le doy. Es triste. Me siento mal conmigo mismo. La amo desde alma hasta mí y ella dice saberlo, pero en realidad es tan poco lo que conoce de este amor. En tan poco lo que ve que quizá nunca podrá saber cuántos campos verdes han florecido gracias a ella dentro de mí.- If you want to leave, its ok for me.- Me propone que me vaya si eso es lo que quiero. Pero tierna, dulce, comprensiva Velvet, porque huiría de aquí si nadie afuera me ama de la manera en la que tú lo haces. Y entonces la vuelvo a besar. -No voy a ir de aquí- se lo dejo en claro. Ella se vuelve a recostar. Parece no escucharme. Vuelvo a mirar el reloj. Esta vez son las seis con veinte. No puede creer que hayan pasado veinte minutos desde que miré el reloj por última vez. Se escuchan niños corriendo en el pasillo. Son los hijos de la ucraniana que nos cobra la renta de la habitación. –¡Mierda!- maldigo al aire. – Necesito pagarle lo de este mes a la vieja.- Velvet se echa a reír. Me dice que hay problemas más importantes resolver, en lugar de estar hablando de amor y enamorados. Ahora su comentario me hace reír. Le digo que es graciosa, que amo su sentido del humor y que quizá, algún día, si bien le va, pueda llegar tener más gracia que yo. Ella finge molestarse y me reclama que es lo suficientemente graciosa y que no tiene nada que demostrar. Mi estómago no se limita al dolor y comienza a rugir. Es una hecho, no se trataba de amor, es hambre. Me levanto de la cama y me colocó una chaqueta de piel de bisonte que mi padre me heredó. Velvet se ríe. Me dice que desnudo y con la chamarra soy idéntico al personaje de Django en la película de Tarantino. Le digo que soy parecido en el color pero no en la musculatura. Ella ríe. Amo su risa. Me dice ahora que tengo gracia. Yo sé que tengo gracia, así que ni siquiera sigo con la discusión. –¿Wheres the soup?- Le pregunto hurgando en el refrigerador buscando algo de comer. Velvet me señala en la parte baja donde se encuentra la sopa. Es la misma sopa de siempre. Una crema de calabaza que siempre le queda deliciosa. Me pide que le prepare también un plato a ella. -Está bien.- Le digo– Pero coloca la canción de Artic Monkeys que me gusta.- La caja de la crema está un poco deteriorada. Busco en la parte baja, la fecha de caducidad. No la encuentro. Decido confiar ciegamente en el destino finito de los lácteos. Velvet coloca mi canción y comienza leerme algo sobre un artículo sobre una exposición de fotografía que se va a exhibir en Grand Palais a un costado del Pont Alexander. – ¿Diez minutos?- le pregunto para colocar la sopa en el microondas. Ella asiente con la cabeza y sigue leyendo. Me gusta la forma en la que lee haciendo énfasis en la conversaciones de la personas. Me gusta cuando echa su cabello de lado y se enoja con la persona que escribe la crítica en el blog. Me gusta que tenga que bajar tres niveles al volumen de la música para concentrase cuando lee. Y que tenga que hacerlo de forma lenta para que yo pueda entender todo lo que dice en inglés. Me pongo a pensar como pude haber llegado hasta este punto con ella. Dentro de mi cabeza y al ritmo del microondas, mando directo al carajo a Edipo, a su madre y a la psicoanalista hija de puta que me dijo que no podía amar y hacer el amor al mismo tiempo. Velvet sigue leyendo y comienza a reclamarme cómo puedo estar de acuerdo con que Warhol haya tomado ventaja de Basquiat en la última etapa de su vida. Aunque no se en que momento saltamos de una tema a otro. Le recuerdo que ellos eran amigos y que esas son cosas en las que nadie puede tener control. Ella solo manotea y me dice que estoy loco. Le pongo un ejemplo con la amistad entre Lucio y yo. Ella se niega a meter a Lucio en la conversación. El microondas suena, la sopa esta lista. Le reclamo serenamente que porque defiende a Lucio con tanta vehemencia. Ella argumenta que no lo defiende, dice que simplemente son cosas diferentes que nada tienen que ver. Le digo que lo mismo pasa con ella.  –Que pasa conmigo.- me dice cerrando la computadora. –Le digo que ella me ama, pero no está enamorada de mí tampoco.- Se voltea y me dice que estoy loco. Le digo molesto, que las mismas acusaciones que ella hace de Carla, son las mismas que yo le puedo hacer con Lucio. Ella me dice que son cosas diferentes, que me he vuelto completamente loco. La sopa huele bien, pero no tengo cuchara. ¿Dónde hay una cuchara? Ella se vuelve contra mí y me comienza a gritarme que todo lo que estoy diciendo es porque quiero justificar mi amor por Carla. Me pongo a pensar como Carla en este momento debe estar caminando por Saint Honoré con Marlene ignorando por completo que en un cuarto de la Rue de Assas hay dos personas discutiendo sobre su existencia. Luego regreso a la conversación. Y Velvet parece molesta. Le digo que no tiene sentido discutir sobre algo que no es real y le pido que porfavor  me señale donde están la cucharas antes de que se enfríe la sopa. Ella se levanta de la cama y se acerca hacia el refrigerador, cubriéndose el cuerpo con la bata japonesa. Toma la cuchara y me pide que me vaya de la habitación si dudo una sola cosa de lo que ella me dice. Le pido que me dé la cuchara y que por favor acabemos con esto. Ella insiste. Permanecemos en silencio total, mirándonos fijamente. Ella reclinada frente al refrigerador y yo frente al microondas con la sopa hirviente en la mano. En el pasillo del edificio se vuelven a escuchar pasos de los niños corriendo. La sopa huele bien pero decido dejarla encima de la mesa y me abalanzo sobre Velvet para besarla.-I love you.- le digo en el oído y comienzo a besar la parte baja de su cuello. Ella deja caer lentamente su bata japonesa y la cuchara al suelo. En mi estómago se siente un vacío abismal, he estado equivocado todo este tiempo, se trata de amor, nunca se trató de hambre.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s