Poesía. VII (Colección: Rigor Mortis Fernando.)

Réquiem Corazón.

Escrito por: Rasé.

Pintura: Renne Magritte

Les amants MAGRITTE

A ratos, entre suspiros breves,

apartados anhelos del alma que sueñan con ser realidad,

me tiento a la melancolía del recuerdo, del tuyo,

de la tuya,

tu mirada dentro de mis ojos, en la que miras al mundo, que cambia incesante, indiferente y que se aparta  menguante,

exasperado por mi vana devoción al corazón.

A ratos, me da por encontrarme con la nostalgia,

y comienzo vendimiar con el souvenir de la memoria,

donde, creando eufemismos  para no herirme más, te sustituyo

con  borrosas siluetas, campos semánticos y una que otra antonomasia,

que me evocan sin tanta desfachatez, a la parsimonia nuestra,

ahora pretérita e irreconocible.

A ratos, simbiontes se tornan mis palabras, gimen con desesperanza,

imploran en silencio por un reencuentro congénito, sencillo, humilde y fluido,

oran por crear un puente que las avecine un poco más con las tuyas,

con tus sonrisas, tus desganas, tus descaros, tus zapatos,

tus manos cálidas e inocentes que se dan a entender con caricias,

con tu labios al pronunciar ¿como has estado?

y con mí mirada girasol,

que te contempla paciente como el mar,

desde la generosa, virginal auora del este, hasta el caer cansado de los párpados míos,

al oeste de mi almohada, donde lo sueños juegan a ser honestos e ilusionan al amor.

A ratos, el tiempo y más tiempo, ratos los minutos y los silencios.

A ratos la horas en su longeva lontananza, en su inmensidad de enigmas indescifrables.

A ratos tu y yo

y en el peor de los casos,

solo yo,

rodeado con dudas insípidas de futuro, frías e irracionales, progresivamente circulares, que desembocan una y otra vez en un todavía te quiero.

A ratos, el cariño callado, bien guardado, sobreprotegido, cauto, cuidado con delicadeza, para que no se duela con promesas de enamorados, candidatos paradigmáticos del dolor.

A ratos lo subjetivo de mi perseverancia cuando me siento a esperar, señales de vida, gestos de  empatía o alguna señal fugaz de tu rostro, que brote un indicio de armonía bilateral, en sincronía con el verso de despedida.

A ratos el Ciclo de Saros midiendo mi pena, que ya no es mucha,

Pero que todavía resuena, en el eco de mi andar pálido.

A ratos todo, excepto la entropía eterna, ambigua y cósmicamente imperfecta de la palabra amor.

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