Cuento. Junto al acantilado.

Junto al acantilado.

Inspirado en el poema homónimo de Roberto Bolaño.

Escrito por:  Rasé

Fotografía: Nan Goldin

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Odio Nueva York.- balbuceó casi en silencio para ella misma dándome la espalda. La oración salió de sus labios generando un  ruido muy parecido a lo que sonaría el gemido de un perro adolorido después de haber sido pateado en la boca del estómago, o quizá al del chillido de un pájaro bebé  después de haber sido derribado de su nido en la mitad de una acera desierta. Odio Nueva York.- Era lo que había dicho. Las letras se le habían trabado a la mitad de la mandíbula y las palabras se barrieron de tal modo que hubiese sido imposible entender lo que acababa de decir, de no ser porque  mi vista se había postrado en la reclinación de su cabeza que apuntaba estáticamente a la fotografía de Times Square colgada en la cabecera de la cama.

–Yo también lo odio- respondí.

Después de un minuto aproximadamente, ella se echó a llorar.

 

El reloj marcaba las tres de la tarde, pero en realidad eran las once o quizá las doce de la noche.  El reloj se había quedado sin pilas seguramente, así que no se podía saber a ciencia cierta que hora exactamente. Tampoco había parado de llover desde la mañana, lo cual me hacía sentir agotamiento o quizá, humedad y agotamiento. ¡Sí! humedad y agotamiento. Un sentimiento agobiante, muy parecido a cuando has jugado horas en un jardín y tus jeans se han llenado de tierra y manchas verdes y las manos se tornan pegajosas, y tienen tierra y suceden todo ese tipo de cosas bastante repulsivas en la ropa. Cabe aclarar que no estaba sucia mi ropa en absoluto. Ni siquiera me sentía sucio. Todo esto sólo se trataba de cansancio. De cansancio y hastío. Ni si quiera tenía que ver con la lluvia. A decir verdad, la lluvia me agradaba bastante. El caso es que me sentía similar a un edificio viejo y eso era todo. Así que me había decidido sentar en una de las esquinas de la cama y desde allí, había permanecido mirando la ventana. Las gotas manchaban el vidrio y las luces de la ciudad las pintaban de colores por lo general rojos, azules y quizá amarillentos que se alargaban con el trascurso largo y triste de su caída inevitable de gota. Ahí podía verlo todo o al menos eso quería pensar. Desde esa pequeña ventana podía observar, los edificios multi habitacionales que rodeaban la colonia y uno que otro espectacular, pero sobre todo un espectacular de seguros que llamaba mi atención cada vez que lo veía. El espectacular ofrecía descuentos del quince y el treinta porciento sólo aquellos clientes que contaban con una membresías de la empresa. “¿Tienes dudas sobre tu seguro de salud?” decía la pregunta con una luz verde neón alumbrada en su contorno. Era un verde espantoso. Un verde que te podía dejar ciego de lo horrible que era, pero me gustaba. Después, leí la pregunta en voz alta.

Céline se echó a reír desde la habitación del baño.

 

-¿Tienes dudas tú?- gritó desde el baño.

-¿Dudas?

-Sí, dudas.

-¿Dudas sobre que?

-Sobre tu seguro de vida, sobre que más.- me respondió asomando su cabeza desde el baño.

 

¡Ah!- me eché a reír quitándome los zapatos y me tiré sobre el colchón lleno de resortes ocultos. En la cabecera de la cama había una fotografía enmarcada en blanco y negro. Desde donde estaba acostado se podía ver un taxi, gente y un montón de espectaculares sobre obras musicales. Era una triste fotografía prefabricada de Times Square. –Odio Nueva York.- exclamé, recostando mí cabeza sobre mis brazos. De afuera de la habitación salió el sonido ahogado de la sirena de una patrulla. Sentí angustia por un momento. -¿Que dijiste?- gritó Céline desde el baño pero a mí no me daba la gana responder ninguna pregunta. Comencé a desabotonarme la camisa y me puse a mirar el techo. Pensé en mi padre y en la ocasión en la que miré fantasmas o proyecciones de fantasmas en el techo de mi habitación en mi casa en San Martín. Me asustó el hecho de que esa misma noche yo pudiera ver fantasmas y que mi padre no estuviera ahí para consolarme y decirme- Calma, son sólo sombras.- o en todo caso –Calma, ya va amanecer, hazte para allá, me voy acostar contigo un rato.- sentí pavor de que mi padre no estaría ahí para decirme buenas noches, aunque aún así todavía no dormiría y también sentí un terrible vació al intentar recordar su voz ronca y amarrada, que sólo se podía escuchar si te concentrabas lo suficiente en la manchitas que tenía el techo (no sé porque ese maldito techo me recordaba a mi padre) o si cerrabas los ojos lo suficientemente fuerte y te ponías a imaginar de forma concreta los grandes platos de paella que preparaba cuando nos íbamos a jugar a Balmonte con toda la familia y que nadie comía. – ¡Me caga Nueva York!- pensé en voz alta o quizá lo grité, no recuerdo bien. Céline salió de la habitación del baño y con una toalla limpiándose el rostro me miró como si fuera una cosa ajena a ella. – ¿Estas bien?- Se limitó a comentar. Luego, sin decir más, se volvió a meter al baño. No entendía nada. Golpeé levemente una de las almohadas sólo como para probar si eran lo suficientemente cómodas. Giré una o dos veces por la cama, la cual era lo bastante ancha como para dos personas. Me quité porfin la camisa, me saqué el cinturón y guardé la pistola uno de los cajones del buró que estaba a lado de la cama.

 

-¿No piensas salir nunca de ahí?- le grité.

 

II

 

Odio Nueva York.- balbuceó casi en silencio para ella misma dándome la espalda. La oración salió de sus labios generando un  ruido muy parecido a lo que sonaría el gemido de un perro adolorido después de haber sido pateado en la boca del estómago, o quizá al del chillido de un pájaro bebé  después de haber sido derribado de su nido en la mitad de una acera desierta. Odio Nueva York.- Era lo que había dicho. Las letras se le habían trabado a la mitad de la mandíbula y las palabras se barrieron de tal modo que hubiese sido imposible entender lo que acababa de decir, de no ser porque  mi vista se había postrado en la reclinación de su cabeza que apuntaba estáticamente a la fotografía de Times Square colgada en la cabecera de la cama.

–Yo también lo odio- respondí.

Después de un minuto aproximadamente, ella se echó a llorar.

 

-Es normal que te sientas así.- le dije mientras me acerqué a acariciarle una de las mejillas.

 

-No digas tonterías.

 

-Lo digo en serio.- Insistí, intentando calmarla, aunque realmente poco me importaba consolarla, todo había sido su culpa.

 

-Necesito un poco de café.- me respondió entre respiraciones entrecortadas, limpiándose las lagrimas y el rimel que caía como lluvia negra en sus mejillas.

 

Me dirigí a la mesa puse a calentar agua en la cafetera. El cable se había atorado con la mesa, pero poco después pude hacer un esfuerzo para que sirviera. El botón rojo en la parte baja de la tetera se encendió. El reloj marcaba las tres de la tarde, pero en realidad eran las dos o quizá las tres de la madrugada.  El reloj se había quedado sin pilas seguramente, así que no se podía saber a ciencia cierta que hora exactamente. Todo fallaba: el sonido, la percepción de la imagen. –Necesito ir al baño.- dije dirigiéndome al baño. –Tu café ya se está preparando. Pero ella permaneció  mirando el estúpido cuadro de Nueva York. Encendí la luz del baño. La luz blanca como de hospital me deslumbró. El retrete estaba percudido, sucio y la el lugar donde se encontraba la ducha, era bastante desagradable, incluso hubiera preferido orinar ahí que en el retrete una cosa bastante despreciable para ser un motel con una tarifa bastante decente. –“¿Tienes dudas sobre tu seguro de salud?”- me gritó Céline.- Supongo que sí.- pensé. ¿Tienes dudas tú?- grité levantando la tapa del retrete con la punta de los dedos y casi vomitando. No podía orinar ahí, eso era una cosa totalmente repugnante. Ella contestó hasta después de un momento.

 

– ¿Dudas?

-Sí, dudas.

-¿Dudas sobre que?

-Sobre tu seguro de vida, sobre que más.- le respondí asomando mi cabeza desde el baño, pero ella se encontraba de espaldas mirando la pregunta del espectacular con una luz verde neón alumbrada en su contorno.

 

Decidí abstenerme de hacer cualquier actividad en aquel baño y salí. El ¡CLACK! de la tetera sonó un momento después. Me dirigí corriendo a la mesa para servir un poco de café. Todo fallaba: el sonido, la percepción de la imagen. Tomé la tetera caliente y busqué una taza por la mesa. -¡Me caga Nueva York!- gritó ella desde la cama. Yo me reí esta vez. – ¿Estas bien?- le dije buscando no derramar nada de café, mientras trataba de buscar mover la mesa para encontrar el maldito enchufe de la tetera. Yo estaba mirando fijamente la pared, volteado completamente de donde estaba ella, cuando sentí miedo por un momento y es que en hoteles como estos, que parecen organismos vivos, las pesadillas astillan, ya me lo habían dicho.  Sonó otro ¡CLACK!, pero ese sonaba como a un ¡CLACK! parecido a cuando se carga un arma. Sentí la boca metálica de un revolver justo en mi nuca. Era ella.

 

-Céline, te voy a tener que matar, discúlpame- me dijo una voz (¿pero que voz?)

 

Hundido en la ceniza de mi propia pesadumbre, trague saliva.

 

-Quien eres.- pregunté aterrada.

 

-Céline, estúpida.

 

Giré mi cabeza para mirarla a los ojos, con la boca del revolver dándome la vuelta por todo el cuello, como cuando una sueña que mata a una persona que nunca acaba de morir, y con la boca del arma entre mis dientes, mirándome a mi misma a los ojos, me miré tan frágil, tan flaca como nunca y en lugar de pedirme clemencia a mí misma balbuceé:

 

-Odio Nueva York.

– Yo también.- me respondí.

 

 

 

 

Cuento: Lu.

Lu.

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Escrito por Rasé.

Fotografía por Garry Winogrand.

 

Ojalá que la espera

          no desgaste mis sueños

Ojalá que la niebla

          no llegue a mis pulmones

y que vos muchachita

         emerjas de ella como un lindo recuerdo

Que se convierte en rostro.

Mario Benedetti

 

¡Prevenidos!- grita el ingeniero de iluminación del teatro Venecia, señalando con su dedo recto y calloso, la cabina principal del foro.

¡Luz de sala fuera!

 

Coloco mi espalda en el respaldo de la butaca y cruzo mis piernas de la forma más cómoda posible, esperando a que todos los lekos de la sala comiencen a proyectarse en el escenario. –Esto es mágico, ¿apoco no?- me susurra Miki, como esperando a que yo responda de forma condescendiente su pregunta. –Sí.- Respondo sin dubitaciones o análisis previos de lo que pienso decir. La sala es una caja negra, la oscuridad en ella es pura. Abro mis ojos, pero la misma negrura me obliga la ceguera. A veces cuando duermo pasa lo mismo. Me recuesto en mi cama, presiono la parte derecha del switch y toda mi realidad se vuelve noche. Abro los ojos, más bien los párpados. Comienzo a intentar observar algo, un punto, una sombra, un fantasma, hasta que el esfuerzo se vuelve inútil, el resultado nulo y el ejercicio de la vista se torna en una ligera desesperación que raya en la locura. Mi cuerpo se torna en aquel florero, en el cual Auxilio Lacouture ahogada en pánico introducía y sacaba la mano, pensado que un hoyo negro la tragaría y la disolvería en la nada. Esfuerzo mis músculos faciales. Los parpados se extienden casi hasta mi barbilla. En ese momento tengo miedo de quedar ciego para siempre. Cerrar o abrir los párpados representa la misma noche. Aunque la oscuridad como ausencia de luz percibida para los seres humanos es relativamente fácil de alcanzar, la oscuridad pura o total desde un punto de vista científico, no existe. Eso  lo sé, porque lo leí en una revista científica. Así pues, la oscuridad total es solo teóricamente posible en condiciones de cero absoluto, o en las proximidades de un agujero negro. Levanto mi brazo desesperadamente, busco en la pared a tientas el switch y lo presiono.  Ahora el CLICK es del lado izquierdo. Enciendo la luz, mis ojos ven. Ahí están, una ventana, un escritorio, una maquina de escribir (que nunca he utilizado), papeles,  libros, un Mickey Mouse de plástico miniatura que sin saber porque, jamás me  he deshecho de él. Las cosas permanecen estáticas y desaparecen sólo con el CLCIK de un Switch en direcciones opuestas. Ahora existes, ahora no. Escucho una voz al fondo de la sala. También puedo escuchar la respiración de Miki. Mis parpados están abiertos, pero igual podría estar soñando. Todo es real. La butaca, el algodón de los asientos, el clima frío del aire acondicionado, la voz. Mi cabeza busca, pero me doy cuenta que no depende de los movimientos de mi cuello o de cualquier afán físico que haga. Se enciende el primer leko de la sala. La luz elipsoidal que sale del reflector apunta a una silla en el escenario. Ese reflector que sale de la parte alta del foro,  es el único túnel luminoso y delgado, que puede unir la oscuridad de las butacas donde nos encontrados sentados yo y Miki, con la posibilidad de materializar lo visible de una realidad a otra: una silla. La voz se vuelve hacer presente. Mis manos sudan. Tocan la butaca. Levanto mi brazo desesperadamente, busco en la pared a tientas el switch y lo presiono.  Ahora el CLICK es del lado izquierdo. Enciendo la luz, mis ojos ven. Ahí están, Miki y la silla y también el ingeniero de iluminación. Sí ahí esta el ingeniero de iluminación.- ¡Prevenidos!- grita él, señalando con su dedo recto y calloso, la cabina principal del foro.

¡Luz de sala fuera!

 

Abro los párpados, más bien quisiera decir, abro bien los ojos. Busco la voz que proviene (estoy casi seguro de esto) de dos o tres filas de asientos que se encuentran delante de donde estamos sentados yo y Miki. La voz, se cae al piso y saca unas patitas, se escurre, pero más bien es parecida a un ciempiés. Lo había leído, pero jamás percibido de esta manera, una sensación hasta ahora desconocida como saber a ciencia cierta a que sabe el ADN después de hacer el amor. Sin claxon previo, ni timbre anticipado, irrumpe en mi tímpano un -HOLA- con la fuerza de un padre empujando a su hija paralítica en silla ruedas. ¡Luz de sala fuera!- grita mi conciencia. La voz anónima perdida en la oscuridad,  instala la misma silla que minutos antes había visto yo mismo en el escenario y con la melancolía de un pincel delineado atardeceres naranjas, se réplica una y otra y otra vez. La voz esta saludando:

 

HOLA Paco.

HOLA Juan.

HOLA Susi.

HOLA Roberto.

HOLA María.

HOLA Alejandra

H-O-L-A.

 

 

Esto es mágico, ¿apoco no?- me susurra Miki. –Sí, pero también es real. No sé como explicarlo- le respondo con un ligera taquicardia emocional. Esa voz. Ese leko que sale desde la parte alta del foro, ese túnel de luz que sale de su reflector y alumbra la silla. La silla solitaria donde estuve esperándola todo este tiempo, a la voz, sí, sí, sí. Ahora el CLICK es del lado izquierdo. Siempre ha sido. Enciendo la luz, mis ojos ven.  Ahí están, una ventana, un escritorio, una maquina de escribir (que nunca he utilizado), mis papeles,  mis libros, un Mickey Mouse de plástico miniatura que sin saber porque, jamás me  he deshecho de él. Las cosas permanecen estáticas y desaparecen solo con él CLCIK de un Switch en direcciones opuestas. Ahora existes, ahora no. La voz se ríe. ¿Quién eres? ¿Qué eres? ¿Qué siluetas te dibujan? ¿Cómo será tu habitación? ¿Será igual que la mía? ¿Tienes habitación? ¿Habitas en algo?  ¿De donde vienes? ¿Es un planeta? ¿Pertenece a nuestra galaxia? ¿Todas las anteriores? ¿Solo las respuestas A & B? ¿Qué comes? ¿Comes? ¿Tienen sangre? ¿Es roja como la de nosotros? ¿De qué te alimentas? ¿Estoy haciendo muchas preguntas? ¿Las estas anotando en una libreta? ¿Tienes pluma? ¿Te presto una? ¡No te veo! ¡Te escucho! ¡No estás aquí! Pero sé que existes, algo de ti existe. Como cambian las cosas en la niebla ¿no es verdad? Pero yo sé quien es quien detrás de ese telón de incertidumbre, sé donde está el abismo, sé donde está Dios, sé donde está la muerte, sé donde no estás tú. -¡Luz de sala fuera!- fue lo último que alcancé  a escuchar antes de ti.  La sala es una caja negra, la oscuridad en ella es pura. Abro mis ojos, pero la misma negrura me obliga la ceguera. A veces cuando duermo me pasa lo mismo. Me recuesto en mi cama, presiono la parte derecha del switch y toda mi realidad se vuelve noche. Pero aquí es diferente. No es el reflector. Yo te veo, yo te trazo. Tu voz, ríe, saluda, tiene su propio humor y carisma. La mía, mi voz, no existe más allá de este manto negro. TÚ, pequeña voz suave y delicada, no sabes, no tienes ni la más remota idea de que yo estoy detrás de ti. No sabes, no tienes ni la más remota idea de que llevo diez minutos garabateándote. -Esto es mágico, ¿apoco no?- me susurra Miki, como esperando a que yo responda de forma condescendiente su pregunta. –Sí.- Respondo sin dubitaciones o análisis previos de lo que pienso decir. El teatro es mágico por antonomasia. El director da unas pequeñas indicaciones a lo actores. –Subes, giras a la derecha, tomas la silla y te sientas en ella.- ¿Solamente tomo la silla y me siento en ella?- pregunta la voz delicada y dulce. –Solamente.- responde el director.  Coloco mi espalda en el respaldo de la butaca y cruzo mis piernas de la forma más cómoda posible, esperando a que todos los lekos de la sala comiencen a proyectarse. Sólo uno de ellos apunta al escenario. El reflector traza un túnel luminoso y cálido. Dentro de él viajan las pelusas, esas pequeñas naves espaciales que miramos cuando un rayo luminoso se cuela entre las sombras. Escucho los primeros pasos de un cuerpo sobre el proscenio. Una silueta fantasma se comienza a sumergir en el círculo de luz que esta proyectado en el escenario negro. Es una mujer. Una mujer dentro de un círculo luminoso, rodeada por aurora que la diferencia de la noche. Una mujer y una silla y la oscuridad infinita. La mujer gira a su derecha, sigue indicaciones. La mujer toma la silla. La mujer se sienta en ella. Y ahí permanece. Todo es silencio. Ya no escucho las respiraciones de Miki. Ni siquiera escucho las mías. Solo observo. Ojalá la pudieran ver. Ojalá pudieran estar aquí en la butaca. Aquí hay color. Su cabello. Su sonrisa. Ella ríe. La voz. La mujer. Las dos son una misma. Las palabras sobran cuando los ojos han dicho asombro en lugares donde otros han dicho costumbre- recuerdo. Levanto mi brazo desesperadamente, busco en la pared a tientas el switch y lo presiono.  Ahora el CLICK es del lado derecho. Apago la luz, mis ojos ven.

Sin claxon previo, ni timbre anticipado, irrumpe en mi tímpano un -HOLA- con la fuerza de un padre empujando a su hija paralítica en silla ruedas. ¡Luz de sala fuera!- grita mi conciencia. La voz disfrazada de mujer, antes perdida, ahora encontrada en la oscuridad, camina hacia mí. Instala la misma silla que minutos antes había visto en el escenario y con la melancolía de un pincel delineado atardeceres naranjas, me habla:

 

Hola.- me saluda y lo dice como si sus ojos grandes y melancólicos, supieran muy dentro de ellos como las cosas acabarán entre nosotros dos.

 

Me llamo Lucía ¿y tú?

 

Deseo relámpago en las tormentas de la hipocondría.

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Escrito por: Rasé.

Pintura: Rene Magritte.

¿Cómo me gustaría morir?

En 1 orgasmo.

Cómo Aldous Huxley
Despegando sin alas hacía la luz
Con los labios estables
& con el pulso plácido
Imaginando flores / viéndolas
Tocándolas.

¿Cómo me gustaría morir?

Con la correcta respuesta
a la soberana duda
:¿A qué sabe el ADN después de hacer el amor?:
en una lluvia de confeti
disfrazada de nieve de limón

& así

con los paraguas paracaídas,

con los brazos abiertos,  girando (¿flotando?)

sin puntos ni comas

cerrar los ojos.

 

Poesía. Es natural tener miedo.

Es natural tener miedo.

Escrito por Rasé.

Fotografía: Nan Goldin

Pero 1 aún ve la vida,

digna de un tatuaje hecho a mano

aunque por ahora pose para 1 fotógrafo invisible,

que puede ser el mismo clima que arde.

nan goldin (057)Mario Santiago.

 

 

 

 

 

 

Algún día te encontraré

(Como te encontré aquella vez)

¿Todavía recuerdas?

& te desearé con esta esta cabeza pervertida & con estos labios –Chinga tu madre– te besaré hasta el cansancio & cada pestañeo será 1 electroshock:

                                           1 nueva escena / con diversos escenarios.

                                           1 rollo fílmico / de inagotable cinta.

& tararearemos canciones de Pink Floyd, de Harrison o quizá de Nina Simone & caminaremos Viena

Viena amarilla & verde.

Viena en verano pero sin sol.

Viena con viento borrascoso.

                                   & te pondrás tu abrigo & yo me pondré el mío

& nos abrazaremos en 1 silla / eléctrica.

Te besaré.

Dirás- Me mordiste los labios.

Dirás- Me gustas mucho.

Dirás- No entiendo porque.

& yo no responderé / caminaremos.

Pasarán las horas & con ellas sus cánceres.

Sus infortunios. Sus Cambios de horario.

 

 

& Tú

Preguntarás: ¿Tienes hambre?

Preguntarás: ¿Quieres fumar?

Preguntarás: ¿No tienes frío?

& yo no responderé / caminaremos.

                                   (Solo caminaremos)

& también tomaremos fotografías –En blanco & negro-

Fotografías que

Con suerte, si la fama me congratula con aplausos

& los museos aprueban mis infamias

Llegarán a la posteridad

                                                     ¿10? ¿30? ¿50 años? (si bien me va)

& luego solo habrá polvo & Viena & París & algún cuadro triste de Chagall quizá

O 1 estatua de bronce de

                                 1 caballero monarca & su caballo

& yo te platicaré de todo esto mientras fumo del cigarro que me ofreciste (porque sabrás de antemano que yo no cargo con cajetillas)

& te temblaran las manos, al igual que a mí & no sabremos porque.

Preguntarás- ¿Por qué?

¿Parkinson de tanto amar?

¿La misma nicotina a la que seremos siempre adictos?

& Pensaremos.

Nos recostaremos.

Te pediré tu mano.

                               Diré- Toca mi pecho.

                               Diré- Toma mi presión cardíaca.

                               Diré- Soy hipocondríaco.

& luego reiremos / escupiremos perlas.

O quizás NO.

                               Quizás.

Dirás- Adiós, yo no cuido enfermos.

Dirás- Eres un exagerado.

Dirás- Fernando, vas a morir pronto.

& yo te diré- toca madera mujer.

& no habrá madera porque todo será de otra textura

Textura de sueños

& toda la ciudad estará ardiendo en llamas (Que es lo mismo que estar soñando)

Nos sumergiremos. / quemados.

& te diré- Abre los ojos.

Diré- Quítate los gogles; estas llamas no hacen tanto daño como el cloro de las piscinas.

& nuestros cuerpos cruzaran los muros, como lo hacen nuestras cabezas con los espejos cuando nos vamos de viaje a otras dimensiones & todo será:

1 pradera de:

                       Hologramas virtuales creados por nosotros.

1 catedral de:

                       Bellas apofenias que solo nosotros entendemos.

& No tendremos hijos, a pesar de que seremos una hermosa familia;

Seremos

                                       hijos de la luna, girando (¿flotando?)

Como cantaba aquella banda de maricas españoles.

& pestañaremos de vez en cuando / inevitablemente / 1 & otra & otra vez.

& cada pestañeo será 1 milisegundo sin vernos

1 electroshock angustioso hasta la última vertebra

1 segundo de oscuridad

                      & luego tú apareces

                     & luego el segundo negro

                     & luego tú otra vez

& me mirarás con tu ojos grandes & melancólicos, como si muy dentro de ellos supieras como las cosas acabarán entre nosotros

& yo te propondré ir al cine o a tomar una taza de té

& tu poco convencida aceptarás

o dirás- estoy cansada.

o gritarás- ¡despierta!

& yo seguiré ahí, con mis manos sudadas como brillantina

Brillantina que, confundirás con estrellas,

& dirás- gracias, no hacía falta que las trajeras.

Dirás- límpiate las manos.

Dirás- no tienes por qué estar nervioso; Estas cosas pasan.

& mis muslos comenzarán a balancearse como los edificios cuando tiembla en la Ciudad de México

& mi estabilidad será 1 incógnita

1 regla de 3.

                                                                      

& te diré- Estoy agotado.

Diré- Toca mi pecho.

& tú dirás: VUELA

Dirás- Léeme un poema en voz alta

                                                         1 de Cernuda o de Huerta.

& Yo te diré- Sólo se leer los míos

Dirás- Eres un pretencioso.

Dirás- No tienes madre Fernando.

Dirás- Órale, no hay bronca ponte a leer poeta necio.

& entonces me levantaré de la mesa, o del patio o de la banca & me dirigiré al jardín más próximo a arrancar una rosa o una bugambilia o una margarita  o una manzana & te diré

(No sé porque diré eso.)

& entonces la tomarás & se la darás a los cuervos, para que cortejen a alguna paloma & se atraigan mutuamente & se besen los picos & se hagan el amor hasta el cansancio / hasta que se desvistan / se desplumen / pelones & así, con sus plumas armaremos nuestras alas, para ahora sí de 1 vez por todas despegar:

& Volar: curucucú.

             Atentar: curucucú.

                            Contra los fuegos artificiales: curucucú.

Con los oídos tapados & con el corazón latiendo en la 5 yemas de los dedos,

Al momento que nuestras cabezas son 1 jeep del 50, conducido por el esquizofrénico automovilista que lleva por nombre –Conciencia blanca.-

Malabareando en el trapecio de la realidad & el deseo

Balanceándonos en su listón de equilibrio

Recorriendo con patinetas, los anillos circulares de Saturno

Con un estéreo en la espalda: ladrando Hip Hop

                                                     Manoseando / ladrando Rap callejero

Como negros rabiosos con espuma en la boca

Desastrosos / sucios

                 de forma que

Ni la chava más “open mind” de la high, nos aceptaría.

& así haremos el amor / que es lo mismo que la poesía

(o viceversa)

Caminando como dijo Ginsberg, hasta que nos sangren los pies con nuestras chanclas de pata de gallo.

& así haremos poesía / que es lo mismo que el amor

Con nuestros cuerpos hechos 1 galletita china, desplegando fortuna en cada rasguño

–uyuyuy.-

& yo podré gritarle a los 4 vientos:

¡Por ti poesía! doy la mitad de mi conejito de chocolate (sin albur)

¡Por ti poesía! Me dejo aventar los cables de la secadora a la tina de agua hirviente.

¡Por ti poesía! Mi paisaje de 4 árboles & sus flores marchitas

& los violines chillones & los trombones& los clarinetes & sus manos sacando chispas como aquel retrato de Oppenheimer.

Por ti poesía, mi cuerpo hoy parece ser 1 boceto huesudo dibujado de tobillo a costilla por Egon Schiele

& esta bien, no me quejo.

                                                               & Solo así, de esta manera tan

                                                     ¿Violenta?

mis versos mejoraran

O quizá así, ya no habrá que sufrir este maldito padecimiento de escribir

               Porque por primera vez (o segunda o tercera)

mi propia vida será un verso de alguien más.

¿Puedes imaginar esto?

& a ti no te importará

Dirás: ¡Escribe!

Dirás: ¡Escribe de mí!

& yo te diré: no puedo, se me acabaron las palabras

& entonces dirás

                                                   ¡Compra 1maldito diccionario poeta barato!

O ¡Inventa nuevas palabras poeta barato!

O ¡Aprende otros idiomas!

(Repetirás: poeta barato)

& Yo quizá aprenda alemán

O esta vez bien el francés

& compraré 1 cuaderno & en vez de versos te dibujaré

& tu rostro será 1 circulo, con dos puntos como ojos

& una curva como sonrisa

                                                                                   (Estarás sonriendo)

Dirás

Vamos al hotel

O

Vamos al museo

O

Vamos a la casa (si es que tenemos una)

E iremos al hotel

                   Pero no haremos el amor, te quedarás dormida / soñando.

E iremos al museo

                               & me preguntarás que hubiera preferido

                                         ¿Nacer con un rostro pintado por Picasso o un rostro de Bacon?

& No iremos a la casa (porque no tenemos una)

& entonces te temblara la mandíbula

& escucharé tus dientes sonar como la cuenta regresiva de 1 bomba

& me dirás: tengo frío.

Diré-Sé que tienes frío, dime algo que yo no sepa.

& entonces comenzarás hablar sobre Narcolepsia, sobre Artaxia, sobre sus relaciones

& yo no sabré que responder

& así por fin guardaremos silencio.

Nos susurraremos al oído en comunión:

                                           fue 1 gran día, no quiero que se acabe

& después de todo esto, podré besarte en la frente

Te confesaré- Tengo miedo.

Diré- Estoy al borde de la locura.

Diré- Estoy viendo las fuentes de los jardines de color morado,

Estoy agitando mi pene más de lo debido al mear.

Mis dientes se están separando.

Tengo hambre & acabo de comer.

Las plantas no crujen cuando las piso.

La poesía es la única aceptación social que me queda, después de esto

Solo quedan manicomios & camisas de fuerza.

Diré- Espero que esta locura valga la pena de algo.

                               & reclinarás tu mano en mi pecho (como te lo había pedido) & dirás-

Tranquilo, es normal tener miedo, cuéntame algo más bonito.

& te platicaré de todas mi odiseas & de todos los héroes que hay en ellas,

Desde lo que se teñían el cabello de amarillo,

Hasta los que confundía la gente con Jesucristo.

Hablaré de mis libretas de apuntes & de sus cintas elásticas que al cerrarlas sonaban como tangas azotando culos inimaginables; del día caminé solo por Viena & Mario Santiago hizo posesión de su alma en mi cuerpo & de cuando me senté & me arrodille ante la puertas del parlamento & me puse a llorar pensando que 1 día todo eso se parecería a lo que hoy es el Partenón en Grecia & que nadie, ni nada ( por más bello que sea) nada se quedará aquí & que todo 1 buen día, cuando menos lo esperemos, volverá a ser

1 página en blanco / solo eso.

1 silencio más allá de cualquier espacio vacuo que conozcas.

& me preguntarás:

¿Qué vamos hacer con todas estas ciudades que construimos?

¿Con sus dialectos & sus mapas? ¿Todo a la trituradora?

¿Eternamente páginas en blanco?

¿Cómo guardo esto rostros para siempre?

¿Estas imágenes?

¿Cómo les digo que las quiero tanto?

& yo no responderé / caminaremos.

                                   (Solo caminaremos)

Diré, fumando de mi cigarro:

                 Nos vemos aquí mañana, a tal hora / en tal puesta del sol.

& solo por esta ocasión,

Solo por esta ocasión

Solo por esta maldita ocasión

                                   el tiempo irrumpirá solo para preguntarnos:

                     ¿En verdad crees que después de este atardecer el sol saldrá mañana?

 

Prosa Poética: Fin de Semana en Nunca Jamás.

Fin de semana en Nunca Jamás.

Para Yuri Negri Richopo Goulart D´avila,

 nuevo viejo amigo,

cane maledetto, 

loco insaciable

protagonista de tantas imágenes «absurdas» de este mundo que los intelectuales tachan de «racional».

Escrito por: Rasé.

Fotografía: Nan Goldin.

Imagen

Mr. G, dice  -Llega la hora, en toda vida humana, de colocar la ropa en el cuarto de lavado.- De limpiar la habitación, remover sus muebles & sacudirlos. De lavar los trastes que están amontonados en el lavamanos  & pulirlos. De Mover los cables de la televisión & amarrar sus nudos para no tropezar al caminar  o en todo caso desamarrarlos para obtener señal clara de sus transmisiones.

                          Todos dicen que llega la hora

                                                        De colocar la ropa en el cuarto de lavado.

De oler las esquinas de las axilas de las playeras &  dejar de voltear lo calcetines percudidos al lado menos hediondo.

De planchar al menos ¼  de la de la tela de tus camisas (si tienes).

De saber para qué sirve en verdad la plata & dejar de comer pizzas 1 lunes por la noche.

Todos dicen que llega la hora

De saber que es domingo & que hay que descansar. 

                                                                                                       ¿Eternamente?

& Por otro lado, en Nunca Jamás

                                                               Los  niños perdidos sudan cuando sueñan con Dios. ¿Por qué sueñan con Dios?

¿Con sus padres pecadores?

¿Con las manzanas & las serpientes?

& En su tronco fortaleza paraíso:

Se les va la vida con besos imposibles que servirían de modelo perfecto para 1 retrato de de Gustav Klimt. & Se tiran en el piso & lloran cuando bostezan admirados por los esqueletos de los grandes edificios/ catedrales estáticas, en contraste con la nubes nómadas & se preguntan los unos a los otros ¿Cuándo tiempo llevamos aquí? & muchos no saben que contestar y se responden – 1 ETERNIDAD- & es cuando Peter Pan Gaviotas Polvo les susurra entre la luz de 1 ventana- ¡Estás ahora mismo & en ningún lugar! ¡Corre niño perdido!–  & entonces corren & ahuyentan  a las ratas voladoras & cacarean con ellas: ¡cucurucucú!- rumbo al crepúsculo de la muerte, se van aullando, levitando despertando constantemente sin jamás irse a dormir.

                                                                                                           ¿Eternamente?

& ¡Qué calor!

Estas mandíbulas trabadas & estos ritmos atroces/ me tragan.

Estos floreros magnéticos me absorben / me tragan.

Estos jardines sonrientes me engañan / me tragan.

& Campanita besa a Peter, lo sofoca & Wendy no lo pela, ni siquiera lo toca.

                                                                                                                             & Algo huele mal, a plástico quemado en la parte baja del edifico.

& esta vez el bellboy no se va a sentar contigo en la calle  a fumar un cigarro, sino  va advertirte que

-Mr. G dice que hoy es domingo & hay que descansar.-

& Nunca Jamás tiembla.

Se declara en estado de alerta.

Toque de queda.

Ley seca.

¡1, 2, 3 ¡Declaro la guerra en contra de….!-. Grita 1 niño perdido con 1 bomba molotov en la mano.

& la plaza central de nuestros sueños más utópicos se llena & la expectación es como EL ÚTLIMO penal en la cascarita del llano:

Más, si hoy,- dice Peter Pan Gaviotas Polvo, con las espadas desenvainadas en posición de ataque-  más, si hoy al despertar

Al extender la sábana blanca de tú cama,

Llegaras a encontrar

 al mundo debajo de ella

& escucharas las voces de todos;

                               (Como cuando, aquella ocasión voló 1 parvada de palomas)

& sonaron las viejas canciones de mis amigos muertos en el recuerdo del ayer.

& el polvo los acompañó, a ellos &  a las palomas

& en ese mismo polvo volaron más niños que aves.

& al terminar todo ese espectáculo

Sucediera como sucedió conmigo &

 Observaras que 1 de ellas estaba muerta / descuartizada, sola.

                                                                                                                               ¡La paloma!

Jugarías, como lo hicimos nosotros que….

                                                                                                                         Jugamos futbol con ella, muerta.

                                                                                                                               ¡La paloma!

La pateamos & sus sesos volaron, como los niños & el polvo.

(¡¡¡¡-Peter Pan Gaviotas Polvo-!!!!)

¡Dale Oh!- gritan.

¡Dale! ¡Dale Oh!- las masas.

¡Dale Oh Peter Pan!- Corean.

& Mr. G se hace 1 nudo en el estómago grita ¡Nein! ¡Nein! ¡Nein! En alemán.

& Es que la vida –cliché-, la vida es tan maravillosa, a veces, que da miedo vivirla

Solo cuando, la eternidad le dice ¡fuchi! hágase paya!  A los pensamientos de muerte & el escalofrío te recorre, te penetra, te deshace, te susurra la canción que se escucha como:

El silencio de cacería del cocodrilo TIC TOC en 1 solo milisegundo.

Es domingo- dijo Mr. G

                                                     &  nosotros nos fuimos corriendo en el mismo callejón solitario, riéndonos con los brazos de la brújula hechos 1 muñón, lanzando dados & cuchillos al cielo, tarareando canciones de Raúl Seixas bajo la sombra de su disco volador, mientras alguien nos decía -Es domingo, hay que lavar ropa, remover los muebles, pulir los trastes, amarrar los cables, reafirmar lo miedos,  ser serios ¡maldita sea!  ¡SER SERIOS!

& nosotros sin playeras como los perros románticos que somos, nos arrastramos retorciéndonos en el piso a carcajadas.

Y el viento y Mr. G se amarraban el cinturón & se quejaban gritándonos- ¡Maduren! pinche escuincles mocosos.-

& esa misma noche (la noche del árbol triste) sin saberlos nosotros:

                                  Peter Pan Gaviotas Polvo & sus niños perdidos se colgarían con 1 montón de corbatas, en fila india en todos los árboles de la ciudad.

Protestando con playeras oaxaqueñas ¡Abajo los muros del mundo! ¡Viva Palestina & Latinoamérica! ¡Viva Armenia! ¡Viva Bangladesh! ¡Viva Somalia ¡Viva la maldita favela internacional!

& nosotros dudosos, nos iríamos riendo (con esa risa nerviosa), imanados por el alba, en esta avenida larga, rumbo a nuestro cielo de ángeles con faldas de latex & nubes de unicel que chillan & chillan  & chillan:

                                                                                – paloma muerta.-

 

Así que

No digas adiós- cliché- di hasta luego.

No digas me voy -cliché- di hasta la victoria siempre.

                                   Deja caer tu cuerpo aspirina en la efervescencia del presente indeciso.

Como los niños perdidos, en sus bicicletas, esperando la primera bomba caer.

¿Cuándo comenzará todo a acabar?

Es domingo- dijo Mr. G.

Extracto: Somos Jirafas / Solferino.

Extracto de la novela: Somos Jirafas

Solferino

Escrito por: Rasé.

Fotografía: Natasha Gudermane.

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No dudo de nadie, ni tampoco nadie duda de mí. Los huevos que prepara Marlene en la cocina huelen por todo el departamento y las cosas que Carla me platica sobre Nadia Comaneci y Aurelia Dobre me vienen  y me van como el olor pestilente del refrigerador que dejó abierto Ana para que Marlene pudiera preparar los huevos, que se escuchan freírse en el sartén, que Marlene sostiene con esa perseverancia de buena cocinera. Carla ahora me deja de platicar. Se concentra en su celular. Me quedo mirando fijamente a Carla aunque ella no lo nota. Me gusta Carla y supongo que Velvet lo sabe. No me importa que lo sepa. La sigo mirando. Sanche se acerca hacia la computadora de Marlene. Baja el volumen de la bocinas. Se queja. Dice que los vecinos van a regresar a tocarnos la puerta y que esta vez va a ser inevitable que nos echen a todos del edifico. –Cálmate, no seas aguafiestas.- Le reclama Marlene. Todos sabemos que Sanche tiene razón, pero nadie dice nada.  La incompresible apatía del cuarteto se hace presente y es que nos gustaba en verdad la canción que sonaba antes de que Sanche bajara el volumen de la bocinas. Incluso Velvet que  no sabía la letra, comenzaba a tararearla discretamente. Ana salé de su habitación y se postra  frente a todos nosotros como esperando que alguien le pregunte que intenta demostrar. Ana espera. Nadie dice nada. –Ya lárguense todos de aquí, que me quiero ir a dormir temprano.- Marlene se echa reír desde la cocina. Ana busca aprobación en el rostro de Marlene. No la encuentra. Velvet toma mi brazo, lo levanta  y se recuesta en mis piernas. Carla voltea a verme y mira después a Velvet. No logro descifrar que intenta decirme Carla con su mirada. Carla me gusta. Definitivamente me gusta mucho. Velvet me pregunta a qué hora vamos a regresar a casa.- I dont know.- Le respondo. –Wait until I have my dinner and everybody drinks the wine. Le grita Marlene desde la cocina. -A las doce y media nos vamos.- Responde Carla.- A esa hora cierran el metro.- Yo apoyo la moción de Carla, pero a ella realmente no le importa si yo me quedo o me voy. Comienzo a buscar a Ana por toda la habitación. Quiero ver si sigue recargada en la pared con su jeta de inconformidad, pero me doy cuenta que ya no está. -Menos mal- me digo en silencio. Así no va a notar que invité a alguien más al departamento. Velvet eleva su cabeza y me da un beso en la mejilla. Yo le doy otro. Carla no voltea. Esta vez no me importa. Vuelvo a besar a Velvet y Sanche nos interrumpe para preguntarme si mañana pienso ir al colegio. -No lo sé.- Le respondo.- Todo depende.- Y aunque digo eso, realmente no sé de qué depende, solo quiero evitar la conversación de la escuela. Suena la puerta y aunque todos se preguntan quién será, yo sé quién es. Es lucio, yo lo invite. Marlene abre la puerta y suelta uno de sus gritos de emoción fingidos. Hasta este punto de la noche no se a quien le gusta más quien. Existe una telaraña de sentimientos revueltos en esta habitación que es difícil de comprender. No se trata de un triángulo de amor bizarro como lo de New Order, sino de un cuadrado o una pentágono que se yo.  Lucio siente algo por Velvet, lo logró percibir. Velvet siente algo por él, pero me respeta lo suficiente como para levantarse de mis piernas y lanzarse sobre mi amigo. Yo estoy completamente perdido por Carla y ella no siente nada por mí. Y aunque sintiera algo, el hecho de que Velvet esté recostada sobre mis piernas, censura cualquier sentimiento que pudiera tener por mí. Marlene sigue preparando los huevos y sabe (en silencio) que después de unos cuantos vinos, va a terminar besándose con Sanche a escondidas en alguna esquina de la habitación, a pesar de que daría todo, todo, todo por morir prendida en los labios de Lucio. La habitación es un caos de miradas. Todos saludan a Lucio. Acto seguido nadie lo puede creer. Lucio pintó su cabello de amarillo. – ¡Que hiciste cabrón!-. Le digo sorprendido y aprovecho para quitarme a Velvet de encima.- Nada, parce.- me responde.- Le dije que me iba a hacer algo que diferente a todo. Algo que nadie se atreviera hacer.- ¡Verga!- grita Sanche.-Ahora si te la mamaste.- Marlene deja por fin el sartén en paz. Se acerca a Lucio y toca su pelo, se queda callada. Susurra unas cuantas veces entre dientes que no lo puede creer. Siendo sinceros nadie lo puede creer. Sin siquiera voltear a ver a Velvet, sé que todo este teatro del pelo amarillo de Lucio le excita. A Velvet le excita lo trastornado. Lo contra natura. La desobediencia civil y el espíritu Bonnie & Clyde de las personas rompe ley. Supongo que Lucio lo sabe. –Ya está abierto el vino.- Dice Carla sin soltar su celular. Me acerco a la mesa y sirvo dos tragos. Sanche se me queda viendo. Ahora sirvo tres tragos para todos los hombres. -Estás muy loco cabrón. Muy pinche loco.- Le digo a Lucio que parece no escucharme mientras saca de su mochila una botella de Vodka. –No, no, no. Venga parce, hoy vamos a tomar bien.– Me dice quitándome la botella de vino. Marlene grita desde la cocina con un decidido ¡SI! Carla nos dice que ella no quiere tomar. Nos repite que ella se va a la doce y media cuando cierren el metro. Velvet me dice que quiere Vodka. No puedo dejar a Velvet con Lucio y largarme con Carla. Decido quedarme. Ana comienza a quejarse otra vez desde su habitación.- Cállense por favor.- Sanche nos advierte que no hagamos ruido, que los vecinos van a regresar. Lucio me sirve un trago de Vodka y uno a Velvet. Me pregunta si mañana pienso ir al colegio. – ¡Que no sé cabrones!- respondo enfadado, no sé si por la pregunta o porque realmente creo que a Velvet le gusta Lucio. Todos se quedan mirándome. Sanche sube el volumen de la música otra vez. No creo que nadie lo haya notado. -No dudo de nadie, ni nadie duda de mí- me digo en silencio. Carla deja de mirarme y vuelve a su celular. Me gusta Carla. Me gusta mucho. Y a Velvet le gusta tomar tanto que vuelve a pedir otros dos vasos de vodka. Uno para ella y uno para mí. Me da por pensar que Lucio está tomando para olvidarse de esa madre que se hizo en la cabeza. –Me gusta guey. Te hace ver diferente.- le digo con cierto tono de seriedad, para impregnar de veracidad mi afirmación. Velvet se pone cachonda cada vez que toma y comienza a sobar toda mi espalda. Carla se levanta del sillón y se dirige a la cocina con Marlene. Mis ojos no dejan de vigilar sus pasos. Marlene manotea. Creo que dice algo sobre el pelo de Lucio. No. No está diciendo nada sobre el pelo de Lucio. Carla hace señas de malestar. Marlene saca una bolsa de plástico de la alacena. Le pide a Carla que cuando salga saque la basura. Carla le dice que sí y me voltea a ver. ¡Mierda! Se dio cuenta que la estaba viendo. – ¡Parce!- me grita Lucio. -¡Ponga atención! A lo que dice Sanche. Francia acaba de declararle la guerra a la República Centroafricana.- Otro vodka para  mí y para Velvet.- ¿Qué me pasa?- me pregunta mi cabeza frenética. Velvet me ama, lo puedo notar y sí, puede sentirse atraída por Lucio, pero me ama. Es hermosa. Es la más deseada. ¿Por qué no la puedo amar de la misma manera? ¿Porque Carla me gusta tanto? – Si, es un hecho. Acaban de declarar la guerra.-  Marlene se acerca con sus huevos al sillón y le pregunta a Lucio cosas sobre el gobierno francés que realmente no le interesan en lo más mínimo saber. Carla abre la puerta y se va con la bolsa de basura. Todo se detiene: Proyecto en mi mente un escenario alterno en el que yo parto con ella del departamento y comenzamos hacer el amor encima de los botes de basura. Estoy completamente loco por sus piernas. Intento recordar que me decía al principio de la noche, sobre Nadia Comaneci y sobre Aurelia Dobre. No logro recordar nada. Velvet toma mi mano y me besa una vez más en la mejilla. Sé que hoy nos acostaremos como lo hemos venido haciendo desde hace unas semanas. Aún así  mi cabeza no deja de pensar en la niña gimnasta. – ¡Súbanle a la música! Si se enoja Ana es su pedo.- nos dice Marlene.- Yo también pago renta.- Entonces Sanche le sube a la música y comienza hablar sobre el primer ministro y sobre los africanos. Lucio le dice que no y luego coincide con él en algunas cosas. No puedo dejar de pensar en cómo se pudo haber pintado el cabello de amarillo. Lucio está completamente loco. Velvet coloca en la computadora I follow rivers. Todos un poco ebrios comenzamos a tararear la canción. Creo que Ana se volvió a quejar unos minutos después, pero la verdad no estoy seguro. Suena la puerta. Esta vez ya no sé quién es. No invite a nadie más. – ¡En la madre!- Grita Sanche- Son los vecinos.- Y todos no quedamos callados con la música en alto. Esperando a que quien quiera que sea, vuelva a tocar la puerta una vez más.

Y ahí permanecemos esperando, callados, una señal de advertencia, sea la que sea, con tal que nos indique que este semáforo amarillo está a punto de gritarnos alto.

Extracto. Las revueltas de la primavera.

Extracto de la novela: Las revueltas de la primavera. 

Escrito por Rasé.

Fotografía. JOHN GUTMANN

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Llega el momento en el que la membrana se ha acaba por abrir y la expansión es inevitable. A veces se dicen muchas cosas, pero cuando las preguntas que uno se hace, se contestan con más preguntas, se trata de un misterio y los misterios están plagados de un no sé qué y un no sé cuánto que indudablemente tenía Argelia. El “cuaco” santificado e indomable que se libera es parte de una rotunda separación interior que aterra (sin duda que inmoviliza), porque ésta representa un salto al vacío y el vacío, aunque un salto kamikaze  podría parecer, a mí me interesaba sentirlo. Ahí encontraba la vacuidad armónica de la vida. El entendimiento del absurdo, con su belleza y su inestabilidad progresiva. Argelia no solo representaba la emancipación de mi ser terrenal, sino mi gravitación y reducción a un mundo astral, a una constelación, de pájaros y estrellas, similares a la de un retrato de Miró. Nuestro amor, podría decirse, era un amor Miró. Me mordía los labios, la uñas, me paralizaba el hecho de entregarme a ese volcán que ella representaba, pero con el tiempo me di cuenta que la angustia, esa angustia tan mía, solamente me llevaba directo al grado de la evasión. El abandono del realismo lleva a una creación de un alfabeto propio, una parvada de símbolos autónomos: un beso, una mirada, una caricia, su lunar en la mejilla, la forma en la que ella mordía la cuchara con el cereal, el sonido mudo al finalizar su risa: Todo absolutamente todo, era un acertijo lleno de esperanza que motivaba a dar siempre el paso siguiente. El amor como una escalera, la metáfora perfecta: una pirámide triangular: Amor-Pirámide. Siempre caminándola de frente, para no mirar hacia atrás (o hacia abajo), para evitar el vértigo, los diablos internos, los prejuicios transformados en cadenas mentales, las inseguridades….

Es por eso que escribía de ti Argelia, para que mis pies pudieran tocar de vez en cuando el suelo. Mi vida, ese hervidero de tantos sueños imposibles, necesitaba realismo a ratos. A veces el realismo,    un determinado tipo de realismo, representa un medio perfecto para vencer la desesperación. De alguna manera había que materializar tanto monstruo que me andaba picando la cabeza. Y es que seis meses no se cuentan con los dedos de una mano. Eran tres las relaciones formales que había tenido antes de conocer a Argelia. Dos habían fracasado a causa mía. La tercera, según Susana, había sido un producto de mis “patologías y mi inestabilidad emocional” y fuese lo que fuese lo que ella quería decir,  la verdad, jamás me había sentido tan…mágico. Caminábamos desde el Barrio Negro hasta el puente de Cesárea y de ahí hasta el Barrio Gitano, entre las cafeterías que olían a mañana de verano y a través de los mercados con pinta árabe me señalabas todo y querías comprarlo todo, sin un solo centavo en tu bolsillo. Jamás nos cansábamos de caminar, era como si nuestros pies tuvieran alas, como pegasos de inagotable energía; y  Luego, después de besarnos en el parque de los gansos, en alguna taberna que no fuera la Jayah o debajo de un árbol que de entre sus fisuras, ramificaciones complejas, penetrara la luz solar en tu rostro blanco o en cualquier otro banquillo  que diera hacía el atardecer, nos dirigíamos directo a las calles barrocas del centro de Cesárea y ahí nos dábamos en silencio nuestra coordenadas secretas. Todavía recuerdo, cuando en el Corredor Santa Lucía, encontramos en un callejón perpendicular a la Iglesia de Santa María de la Freira, a un par de viejos, vagabundos que cantaban el Nessun Dorma con una grabadora que no podía valer más de lo que valían sus oxidadas almas y ahí, tu recargaste tu cabeza en mi hombro y dejaste caer una lagrima –Nessun dorma! Nessun dorma! Tu pure, o, Principessa–  Todo ese espectáculo espontáneo, te recordaba a tu padre y a tu hermano del que no te gustaba hablar- ¡Ed il mio bacio sciogliera il silenzio che ti fa mia!- y yo te sentía más cerca que otra veces y pensaba que todo eso que estábamos viviendo no  podía ser más que un sueño. De haber sabido que todo era verdad, te habría besado en ese momento y te habría prometido quedarme perpetuamente- All’alba vinceró! ¡vinceró, vinceró!- pero todo era muy rápido. Nuestra vida, parecía que caminaba en cámara lenta, como una serie continua  de retratos de Hopper.  Nuestra vida, un cassette TDK rebobinado, una  y otra y otra vez hasta el cansancio. Me preguntaba sobre mis otras vidas en esta vida, me preguntaba cómo antes de verte por las mañanas despeinada podía pensar que había comenzado a vivir. Uno a veces no se da cuenta que la vida no ha comenzado hasta que llega ella sola a un punto de ebullición en un tiempo determinado. Eras un parte aguas, un grado centígrado, una separación provocada: A.A (antes de Argelia) Un cúmulo de obras reflexionadas y premeditadas / D.A (después de Argelia) Una inevitable espontaneidad y abandono. ¡Ah! A-R-G-E-L-I-A Tomabas mi mano y nos hablábamos de revolución y de renovación, filtrados como clandestinos revoltosos en las cuevas Abbaisé, éramos dos duendes cargados de tanta melcocha mental y tomábamos mucho vino y nos cubríamos por el humo del Kaddish y nos arrinconábamos en las noches en los undergrounds, esos sótanos grises de Cesaría y escuchábamos tecno-dance y andábamos dancing que dancing toda la noche. Luego me decías que “no”, que ya era tarde, que en otra parte del mundo, al mismo tiempo, seguramente estaba nevando y que no podíamos darnos esos lujos y yo te decía que no pararas, que éramos los adolescentes, que había que vivirlo todo, cambiarlo, reinventarlo todo y que “todo” olía perro mojado y a polvo viejo y así se nos iba la noche, entre el Ca plane pour moi y el bizarre love triangule. Tocaba tu boca citando capitulos de autores argentinos y nos hablábamos en glíglíco en la alfombra de mi triste departamento, en la cama y en el sofá. Nos besábamos las flores y nos guardábamos las joyas entre las manos. En el tapete, acostados, poníamos un  disco de Gainsbourg y tú tarareabas 69 anne erotique con tus montes de algodón,  semi desnuda, pura y virgen. Por las mañanas te traía café y cuando regresaba a la habitación, tú ya te encontrabas levantada, despeinada, mirando por la ventana, fumando un cigarrillo, mirando las marginadas calles del Barrio Negro, con sus tinacos y su sol propio. Para ese tiempo ya te habías pintado las puntas del pelo de color azul, se te veía bien. Decías que lo habías hecho por Rubén Darío, por Victor Hugo, por Picasso, por la tristeza ¿Cuál de todas? y yo lloraba, pero de risa. Algunas otras noches, cuando no nos juntábamos con los revoltosos de las Cuevas Abbaiseé, nos íbamos a la Calle Blomet a tomar un trago con Camila y Mateo. La calle Blomet, representaba antes que nada, la amistad. Debatíamos de arte, literatura, de la situación deplorable de Cesárea y del mundo en general. Era la época del aguardiente con agua y el licor con naranja. Bebíamos hasta hartarnos y las discusiones llevaban horas y tú decías que Dostoievsky era  más padre de la revolución rusa que Lenin y hacías enojar Mateo, porque éste alababa de forma fanática a sus héroes socialistas y tú solo te burlabas muda en complicidad conmigo. Y es que si nos equivocábamos en los términos o en las definiciones, deliberadamente decidíamos omitir las correcciones. Nos queríamos tanto. No necesitábamos tanto. Yo te veneraba callado, cuando cantabas Case Of You porque te gustaba más el cover de James Blake que la versión original de Joni Micthell y repetías el coro un tanto desafinada, con tu melena despeinada, rozando la nota exacta:

I remember that time you told me, you said

«Love is touching souls»….

Surely you touched mine

‘Cause part of you, pours out of me

In these lines from time to time

y fumábamos y nos abrazábamos y la vida nos parecía simple y  afuera las revoluciones sonaban a un soundtrack muy nuestro, una historia paralela, una rebelión tormenta. El mundo estaba cambiando y nosotros también estábamos creciendo con él. ¡Argelia! hicimos de todo en esta ciudad, era nuestra, comimos ángeles, exprimimos a cupido en la licuadora, noches, amaneceres y le extraíamos el jugo con todo y pulpa y nos sabía a toronja con estrellas. Aquí, nos confesamos, nos prometimos, nos dormidos acucharados en la Casita Mila, que era nuestra nube pedrera.

 

Poesía: Pupilas de Vidrio.

Pupilas de vidrio.

Escrito por: Rasé.

Fotografía: Robert Adams.

Pupilas de vidrio (feat. Sofía Cala) audio.

ROBERT ADAMS0

¿Porqué a veces, sentimos una tristeza parecida a la de una par de medias tirado en un rincón?

Oliverio Girondo.

Tú, eres tus

manos tus

piernas tus

lunares tus

ojos tus

labios &

Me miras.

De cerca me miras.

Me miras & existo.

Cada fragmento: se integra.

Cada rincón vacuo: es bello & triste a la vez.

Antes tú / ahora tú.

Me pintas tú.

más bien,

me rayas tú.

Me borras tú.

Tú.

Tu ru ru ru rú.- cantas.

Más bien, tatareas.

& te escuchas, en silencio.

Más bien, piensas,

en voz alta: Sueñas & existes.

¡Existo!- dices.

Dices todo.

& todo no es mucho, pero con eso basta.

Basta que

me mires

Sin que yo  mire:

Mis manos ni

mis piernas ni

mis lunares ni

mis ojos ni

mis labios que

sin ti, inevitablemente

Busco.

Todo MÍ,

se pierde EN.

Más bien,

Todo MÍ se olvida AHÍ, sin verlo nunca.

& Así sigo, así busco.

Así me quedo SIN.

Apunto DE.

& me urge QUE.

(No tienes idea) cómo me

INCITA tan;

& quiero

Quiero mirar, donde tu miras.

                          ¿Dónde miras?

                                        ¿Qué miras?

Me miras, Soy.

Te miro,

Eres.

Alguien NOS está mirando: existimos.

Cuento: Sofía & Julio. (Un amor minimalista.)

Sofía & Julio.

Escrito por: Rasé.

Fotografía: Alex Prager

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I. La casa.

El color de la cocina era azul rey, aunque ambos hubieran deseado que fuese azul celeste cuando compraron el departamento. El número de sillas que rodeaban la mesa de la cocineta eran tres, aunque únicamente eran dos personas las que habitaban el lugar. La decoración del departamento en un principio había estado a cargo de Julio. Más tarde habría de pasar a manos de Sofía. Uno de los más grandes errores de Julio cuando tuvo a cargo la decoración del departamento, fue dejar la tercera silla sobrante en la cocineta. Sofía odiaba dos cosas en la vida: Los número impares y los pavos reales (el simple hecho de escuchar la palabra pavo real le causaba un efecto entremezclado de nauseas y angustia). Por suerte el número de sillas en la cocineta no tenía relación alguna con aquellas aves. De lo contrario Julio habría tenido que escuchar la doble queja diaria de Sofía cada vez que entraban a la cocina: “Esa silla sobra Julio. No se ve nada bien ahí.” El departamento estaba conformado por  dos habitaciones y una sala de estar, que estaba ocupada en su mayor parte por un sillón ocre que Sofía había comprado poco después de adueñarse del poder decorativo del lugar. La lámpara china, la alfombra turca y el televisor habían sido parte de un regalo masivo que su tía Pimi le había hecho poco después de la mudanza. El lugar tenía un aura naranja por las mañanas y por las tardes. Ambos se preguntaban a diario, como habían logrado dar con ese apartamento ubicado en el único punto de la ciudad donde los amaneceres y los atardeceres caían ebrios, escurridos entre los tantos edificios financieros que los rodeaban y aunque no creían en la magia, sabían que había algo de fantástico en todo ese secreto. La alarma sonó aquella vez, de la misma forma que lo hacía siempre. Era la mañana de un miércoles. Los días miércoles para Julio eran considerados como los días más grises de la semana. Los calificaba regularmente como días inservibles y ociosos: –Es insoportable tener que decidir si está recién iniciada la semana o si está apunto de acabarse.-  Se quejaba masticando su cereal con la boca abierta mientras desayunaban. Sofía aceptaba este argumento con ligera monotonía y aunque casi nunca hacía nada al respecto para demostrar su aceptación en este tipo de cosas, un buen día, en un acto de camaradería y apoyo a Julio, Sofía recortó el día miércoles de todos los calendarios del departamento, con el fin de convertir la semana en un listado de tan solo seis días: un número par. Así era como pasaban los meses enteros del año, con las semanas mutiladas y con sus juegos escondidos detrás de sus días fantasmas.

II. Los juegos

Sofía solía colocar su dedo índice en la frente de Julio, simulando disparar el gatillo de una pistola con su dedo pulgar. La mirada de ambos era sobria cuando esto sucedía. Un instante de silencio para luego dar paso a un sonido onomatopéyico que procedía de los labios de ella: ¡Bang!; Entonces Julio caía derrotado al suelo con los brazos y las piernas abiertas en forma de estrella, totalmente muerto; A veces se dejaba caer también con la frente manchada de rojo gracias a la salsa catsup que Sofía insistía en embarrarle para darle (según decía) un sentido mucho más realista a la escena del crimen. Otras veces, Julio simplemente caía de espaldas  con la fuerza suficiente para convencer a Sofía de que realmente la bala imaginaria le había atravesado la sien. -¡Muerto!- Exclamaba Sofía soplando el humo de pólvora imaginario que salía de su dedo índice. Por las mañanas cuando Julio salía a comprar el periódico, Sofía daba los cuidados esenciales a sus cuatro macetas de “Malvas Miró” que tenía en el pequeño vivero de su habitación, bajo una delicada luz ultra violeta que Julio le había conseguido en un mercado de souvenirs psicodélicos. Sofía había estudiado biología, pero amaba la pintura. Lo de las Malvas Miró surgió en uno de sus días de ocio, cuando Sofía encontró en Internet un blog bioartesanal que hablaba de cómo hacer crecer pequeños viveros de flores tatuadas con pinturas muy parecidas a las de un Joan Miró o un Kandinsky en sus pétalos. El método consistía en alimentar las células vegetales que se encontraban cultivadas en pequeñas cajas Petri, con música de Erik Satie. Por la mañana el primer Gymnopedie, por la tarde el segundo y en la noche el tercero. La fotosíntesis se iba retroalimentando con las  notas de piano. Los resultados tardaban de siete a ocho meses y la velocidad del procedimiento dependía en que tan intensa fuera la música o que tan sentimental ésta pudiera sonar. Aunque parecía una farsa, Julio había aprobado que Sofía perdiera el cincuenta por ciento de su tiempo con la crianza de sus Malvas Miró.  El otro cincuenta por ciento, Sofía lo dedicaba a la investigación de una nueva especie de girasoles y a los juegos con Julio. Los juegos consistían en diferentes cosas. Por ejemplo, lo lunes cuando Julio traía el periódico, se sentaban en la cocineta y comenzaban a buscar la palabra más repetida del día. Por lo general las palabras tenían que ser adjetivos y jamás podían ser pronombres. En varias ocasiones, la palabra más repetida de día fue: Difícil. La única ocasión que Julio en verdad sintió esperanza por la vida, fue cuando Sofía encontró en el periódico, que la palabra más repetida del día había sido: Certidumbre. Julio había estudiado geografía y se dedicaba a la cartografía, pero prefería pensarse a sí mismo como un ilustrador. Siempre le había gustado dibujar a lápiz. Tenía cuadernos repletos con dibujos de rostros simples, a veces hombres, a veces mujeres hechos con líneas, un círculo, dos puntos como ojos y una sonrisa echa con una sencilla curva. Los títulos dependían de la palabra del día. El dibujo de aquel miércoles había sido una mujer y el título en la parte superior de su rostro, había sido la palabra: Deseo. Pero al final Julio arrepentido, decidió colocar otra palabra, que no le perteneciera a él y que fuera parte del periódico. Así que borro el primer título y dejó a ese dibujo huérfano de nombre:

Deseo.

III. El baile

 

Jueves 1: 30 AM

Julio no ha llegado al departamento. La cena está lista y el vino abierto. Sofía se acerca al buró de la sala de estar y comienza a hacer unas cuantas llamadas por teléfono sin soltar su copa de vino rosado. Todos lo números que marca suenan ocupados. Decide esperar. Se reclina en el sillón ocre y toma uno de los libros que Julio ha dejado en la mesa de la sala. El libro se titula: Manual de prácticas de topografía y cartografía. No pasa mucho tiempo para que lo deje otra vez en su lugar de origen. Sofía comienza a pensar en muchas cosas al mismo tiempo. Esta ebria, lo sabe. Luego, poco a poco decide empezar a darle orden a cada uno de sus pensamientos. Se recuerda así mismo que nunca ha sido posesiva y que nunca lo será. ¿Por qué habría de serlo? Ese pensamiento la lleva a otro mucho más viejo. Se acerca a la ventana y piensa en su madre. En sus recuerdos, ella tiene seis años y esta sentada en la ventana de su casa con los brazos recargados en el barandal. En su estómago se empieza a sentir un vacío que es muy parecido al miedo, pero se inclina más por la angustia. Su madre no ha regresado a la casa y comienza a llover en la ciudad. Ella decide no moverse de la ventana hasta ver a su madre estacionar el auto en la puerta del garaje. Se escucha el estruendoso sonido de un rayo y la niña da un ingrávido salto de espaldas. El vidrio de la ventana vibra y su estomago se vuelve a hacer un nudo. Sin querer hacerlo, comienza a relacionar aquel sentimiento que le provoca la palabra pavo real con toda esta cinta de memorias en su mente. Sin darse cuenta, Sofía ya esta recargada en la ventana, en la misma postura que lo hacía cuando de niña esperaba a su madre. Siente miedo. No, más bien se siente confundida por un rato y después decide optar por la angustia. Se retira de la ventana y se dirige a la cocineta. Miara la hora. Julio no ha llegado y parece que no llegará. El recuerdo de su madre y la relación de la angustia y el pavo real hacen que casi vomite al momento de ver la tercera silla sobrante de la cocina. ¡Música! ¡Música! Sofía piensa en olvidarse de todo y decide colocar un disco para distraerse un poco. Se aproxima al reproductor de CD´s Y busca el disco más alegre que pueda encontrar: REM, Sinead O´Connor, Radiohead, Velvet Underground, Bach, Satie, ¡Caetano Veloso!…Elige a Cateano Veloso y lo instala en el reproductor de música. Los primeros acordes de la guitarra suenan. Sofía se conduce hacia su habitación y mira el reloj. Ha pasado casi media hora desde que comenzó su ataque de ansiedad. Comienza a recapitular sus actividades del día y recuerda que necesita sus pastillas. Se encamina al baño y toma su envase de antidepresivos. Se mira al espejo. Julio detesta que Sofía tome pastillas. Prefería que embaucara  su ansiedad depresiva a cuidar las “Malva Miró” que a enpastillarse con Prozac. Sofía se siente triste. Ahora sí, definitivamente se trata de tristeza. Levanta su mano y apunta con su dedo índice el reflejo de su cabeza en el espejo. Se detiene por un momento y permanece estática apuntándose la cabeza. Mira de reojo las pastillas. Vuelve la mirada a su reflejo en el espejo. Hay silencio y de un momento a otro se desmorona y comienza llorar. Sale del baño y sin soltar el frasco de pastillas de su mano, se acerca a las Malvas Miró. Las mira con los ojos hechos una completa catarata. Sofía introduce sus dedos entre la luz ultra violeta y acerca la caja Perti. El frasco de pastillas esta abierto. Es una farsa, todo es una farsa se dice a sí misma. Caetono Veloso sigue tocando al fondo de la habitación. Acerca el frasco a la caja Petri. Se pregunta en silencio ¿Y si las células de las Malvas Miró necesitarán antidepresivos en lugar de música de Satie? Nada parece tener sentido. Nada lo tiene, nada lo tiene, porque el deseo es una pregunta cuya respuesta no existe. Y ahora toda la realidad parece un maldito pavo real, un miedo sinsentido y todos los latidos parecen ser una tercera silla en la cocineta, sobrante asimetría impar. Y es miércoles, ¡es miércoles maldita sea! A pesar de que el día este recortado del calendario y no hay manera de liberarse nunca de la realidad de este planeta, ni de reinventar nada, ni de tatuar los pétalos y a la mierda dice Sofía. Se acabo todo, a la mierda.

 

IV. Los Requena Rocha.

 

Miércoles 6:30 PM

Necesitaban que todo estuviera listo en menos de media hora. La carne todavía se encontraba a medio coser. Cortaron las pechugas de pollo en mitades y tercios. El horno a trescientos grados Fahrenheit. Las papas en el horno. Sofía sonreía mientras miraba a Julio. Julio también sonreía nerviosamente, pero con una ligera preocupación por las visitas. La cocina olía a cena. El sartén hacía sonar al aceite de canola hervir, luego los trozos de la cebolla morada y al final un poco de ajo para darle sabor. Sofía y las indicaciones. -Una vez que el tocino haya soltado su sabor hay que poner la carne molida de res.- La palabra más repetida en el periódico del día había sido: Intransigencia.  Pero esa palabra no podía caber un departamento donde los días miércoles no existían. Sofía y Julio le abrían las puertas al mundo. A las posibilidades. Soñaban con reinventar todo. Los juegos. Sofía, el dedo índice, la sien de Julio, el pulgar: ¡Bang!; Riendo como niños. Bendita inocencia. La carne molida que se preparándose con las manos fuertes de Julio. Sofía ventilando el olor de la cebolla por la ventana. La cocina azul rey, que debió hacer azul celeste, a veces las cosas no son como deberían ser. Luego Sofía agachada para abrir el horno, Julio que se acerca a mirar si ya esta listo el platillo. El aroma es delicioso. Huele deliciosa la comida. –Te amo.- Exclama Sofía. Y Julio no entiende. No quiere entender. La palabra del día es intransigencia.

Deseo.

Se  abalanza encima de ella y luego la carga contra el mueble a un costado de la estufa. Y la comida si que huele deliciosa, y Julio la comienza a besar, con el pulso agitado, completamente vuelto loco. Y la sangre se les sube a la cabeza a los dos. Y las manos de Sofía tocan el vientre de Julio, mientras Julio baja sus manos y las introduce suavemente debajo del vestido, entre las piernas de Sofía. Ella acerca sus labios al oído de Julio. Los muerde. Muerde a Julio. Le dice algo. Pero Julio no escucha. Actúa con los ojos cerrados, mientras aprieta con sus manos las piernas de ella, rojas y sus muslos rojos y luego su culo rojo, contra la pared. Julio baja delicadamente su ropa interior, mientras los dos se comienzan a manchar un poco con la cena que preparaban momentos antes. El dedo índice, ya no señala la sien de Julio, ni el pulgar dispara: ¡Bang! Ella comienza a forzar la hebilla del cinturón de él, intentando bajar sus pantalones. Sofía siente el bulto entre las piernas de Julio apretarse contra ella. Él la toma del rostro y le besa el cuello, lo lame, y comienza a bajar hasta su pecho. Muerde un pezón con finura y lo aprieta. Ella comienza a masturbarlo. Y mientras los dos se masturban y se besan, respiran a velocidades casi inefables. – Te amo.- Le responde Julio. –No me puedo venir; ésta es mi ropa limpia Sofía.- Hacen esfuerzo con las respiraciones. La palabra del día es intransigencia. Lo dedos de Julio recorren la cara entera de Sofía, desde la barbilla hasta los ojos. Las manos de Sofía recorren el cuerpo entero desnudo de Julio con la imaginación, con la lengua. Suena el timbre. Sofía comienza a gemir y las maniobras de Julio se vuelven veloces.- ¿Te acuerdas cuando mamá no regresaba a la casa?- Gime Sofía. No hay tiempo. Julio con los pantalones hasta las rodillas y Sofía con el vestido hasta el cuello, sudando frío.  Suena el timbre. – ¡Ya!- Le grita Julio.- ¡Tenemos que parar!- Suena el timbre con impaciencia. – ¡Sofía! ¡Ya! ¡Por favor!-. Se desatan. Se alejan. Respiran. Suena la puerta- ¡Ya vamos!- Grita Julio Requena Rocha… Y después de hacer todo lo que hacen, se levantan, se perfuman, se peinan, se visten, y así progresivamente van volviendo a ser lo que no son… Sofía Requena Rocha, antes de abrir la puerta le da un beso a Julio….

 

-Antes de abrir esta puerta- le dice Julio a Sofía- sólo quiero que sepas que digan lo que digan, hagan lo que hagan, hoy no es miércoles. Ni nunca lo va a ser.

Poesía: Te seguí hasta la playa, pero al llegar a la arena, tus pies no dejaron huella.

Te seguí hasta la playa, pero al llegar a la arena, tus pies no dejaron huella.

Rasé.

Arte: Gerhard Richter

Imagen

No estés mucho tiempo lejos de mí

si no quieres que el recuerdo lo invada todo.

J.R. WILCOCK

Apenas nos borramos del ayer &  se nos tacha el hoy con nuevas ideas

Parece que somos,

de vez en vez

1 palimpsesto rayado

a crayola feroz en el muro que colocamos en la habitación de nuestros hijos

que lloran / piden

con sus voces inocentes

el indicio precario de 1 infinito al borde abismal del último adiós.

& que les podemos decir,

Si a pesar de que las primaveras regresarán,

al final de todo

nos haremos las mismas preguntas de cuyas respuestas ya conocemos.

Nos engañaremos.

Restringidos de toda verdad,

Verdad manchada por argumentos.

& Caminaremos

Engañados,

Hasta perdernos en la esquina más próxima, en busca de aquel vaquero Malboro & su mítico caballo que nos de raid al infierno más cercano.

 

Será quizá porque

aquí,

Sola; Terriblemente Sola

La Mente estática, blanca & pura

Se presenta.

Se atenta.

Se ausenta sola

Aquí, la mente de la razón,

se diluye en los ríos de la realidad,

de la vena punzante del universo que mimetiza

el acelerado pulso , de nuestro brazo encinturonado

al borde de la taquicardia más insoportable que jamás se haya descrito

a la espera del piquete que nos coloque los pies en la tierra

o en todo caso

aquel piquete de avispa que nos de  boleto el más barato

a la galaxia más lejana.

 

Aquí,  sí aquí

El tiempo;

Tic toc cáncer que nos devora a todos /  los minutos /manecillas con 30 000 dientes de mandíbula tiburón se disfrazan de melancolía.

De nostalgia / de 1 lágrima que nos familiariza con la ponderosa mar

&  sus pupilas de agua salá

Espuma diurna Arrullo de noche.

Debut & despedida.

Del imán del alba / sus moribundos soles.

Ahogados a las 7:00 de la tarde entre el mareo mezcalino de sus aguas

Profundas, de sus

Ideas

Ideas vueltas:

Intercambios genéticos en forma de saliva.

& Que besos más dulces.

Que suce más duce

Que sice más dice

Como te quise, te hice

& aún así me faltan los sueros pa´ no secarme en la arena.

 

No me malentiendas / yo sé, que como Héctor dijo: todo tiene sus final

                                                               Nada Dura para siempre

& aunque sí,

Sí. aquí,

permanentemente  estamos palpando con las yemas de nuestros  dedos

esa tabla con la que seremos ejecutados por 1 verdugo aborrecible llamado Hora;

aunque nos quedemos aquí, sí

con los ojos vendados

& con el miedo punzocortante  de NO querer decir adiós,

cada vez nos despedimos mejor / & que orgullo

(aunque parezca mentira)

cada vez nos despedimos mejor.

Porque, digan lo digan,

1 sabe de antemano que,

lo que NO es fácil SINO violento:

no podría ser feliz.

Porque hoy en día, se sigue padeciendo en cada bocanada de aire que damos,

la total satisfacción de poder mirar nuestras auras/ substancia/ esencia:

¡El maldito resplandor de nuestra existencia!

Que nos ha de alumbrar el sendero de la discordia.

 

Es ahí, cuando, reconocemos el espejo

&  Tú &  esa estimulación respiratoria

que llamamos fronterizamente vida, nos embarga de reposo.

& entonces todo sucede al mismo tiempo: como un K.O de Mohamed Alí.

& Caemos de espaldas / rendidos en el mismo Ring donde otras 4 peleas de otras 101 parejas han sangrado los puños al igual que nosotros.

Lanzadas como carabelas hacia las mareas de la indiferencia

Empujados por su rigor & su viento

Todo al mismo siento:

Siento lo que tú sientes.

& sino lo siento

No como ellos

Yo sí

Sí que

Lo intento.

comprender o morir.

 

Porque aquí hay algo & no más bien nada.

Porque Dios no juega a los dados con los planetas / juega a las escondidillas

Se calla a ratos porque contamos los números con los ojos cerrados

para encontrarlo hasta el infinito.

 

Dime tú:

 

¿Qué se siente seguir vivo?

¿Escuchar estos versos?

¿Leerlos sin entender 1 pito de lo que dicen?

 

De lo que no se puede hablar es mejor callar dijeron

& Wittgenstein se agarra de los pelos & se tienta con la nariz de 1 cuchillo las muñecas

Gritando desesperadamente:

 

¿Qué vale más?

1 paráfrasis pulcra / casi indefiniblemente perfecta.

O 1 Silencio promulgado desde el fondo del pecho de Dios.

 

El sueño pascaliano de 1 sin fin de vidas

O el inevitable cierre de parpados definitivo que dará mi abuela en su penúltimo suspiro.

Te digo carajo que,

apenas nos borramos del ayer &  se nos tacha el hoy con nuevas ideas

& los recuerdos / esos sueños amarillentos que tuvimos

se van destiñendo con esa falsa profundidad de un retrato de Van Eyck /

Fotografías enmarcadas en 2nda dimensión que engañan los sentidos.

 

Aquí no hay túneles / solo paredes

¡y que dolor más pulcro!

Porque sabemos que

Somos hombres /  actores de actos infinitos.

& sus escenarios se pintan con  estrellas /  NO asteriscos.

& sus comas, son cometas fugaces / NO diagonales divisorias

& sus puntos son hoyos negros llenos de aporías / NO solamente ceros a la izquierda.

& en estos versos los nudos: esas Y griegas pseudoperfectas

atan las palabras de tal forma que estos versos

son moños perfectos preparados para regalar:

Significados/ significancia.

 

 

Al poeta no más libros / pura vida.

Susurros de historias al oído

Como Homero /autor ficticio & memoria de todo un pueblo.

Como la Odisea & sus versos en cada constelación.

Como la idea de Shelley/ de todos los poemas del mundo

Formando 1 único poema infinito.

Así podemos

Así aceptamos que,

 

Apenas nos borramos del ayer &  se nos tacha el hoy con nuevas ideas

& Todo esto se transforma en 1 abrir & cerrar de ojos

En un 1 paisaje adornado con el cielo repleto de nubes aborregadas pintadas por Mantegna

& es ahí,

cuando los límites del lenguaje

los confines del pensamiento,

de toda posibilidad lógica

se ponen a prueba.

Justo cuando la sinergía de la emergencia se da lugar

& el todo es más que las suma de sus partes

 

A E I  O U & luego todo el abecedario de atrás para adelante.

 

¿Qué se siente tener dos alas?

¿Qué se siente estar hecho a mano?

 

Todo cristalino & naranja.

1 sueño en el que tu rostro se traza.

 

TÚ eres mí

Síndrome de Stendhal cuando me desmayo.

TÚ eres mí

Respuesta de Dios a Job en la desgracia.

TÚ eres mí

Sana sana colita de rana.

TÚ eres mí

Único pájaro alado en esta ciudad semi derrumbada.

TÚ eres mí

Beatriz Viterbo con todas sus imágenes.

TÚ eres mí

Efecto doppler & su disminución de sonido progresivo.

 

TÚ no eres yo

TÚ y yo somos el OTRO.

& el OTRO no es un cuadro en la página

Sino

La cuadrícula entera.

TÚ & YO solo habremos  sido recuerdos

Nunca realidad.

Apenas nos borramos del ayer &  se nos tacha el hoy con nuevas ideas

Toda novedad requiere un olvido,

Este cerrillo recién prendido en la habitación obscura

Es mi corazón

Mi esperanza presente

Hasta que se marchite,

Se desfigure en hilo.

Telaraña de versos,

Nueva carne, nuevos verbos

 

Nuevo & mismo rostro

Narrado por este poema perfecto, tejido por 1 nuevo sueño

1 nuevo pensamiento.

La oportunidad presente, cada segundo

De comenzar de nuevo

Sin laberintos, sin obstáculos

& no te encuentro

 

¡Maldita / bendita sea!

No te encuentro.